sábado, 28 de septiembre de 2013

Camino de Santiago 2013 - Etapas 3 y 4

Nada como un buen y profundo descanso para recuperar el organismo, las piernas en este caso, del duro trajín de los primeros dos días. Temprano en la mañana (día 26/08), a las 07:00 horas, mientras desayunaba iba revisando las dos planificaciones de etapas que tenía escritas como "Plan A" y "Plan B", así como otro listado de etapas algo más intenso que también había imprimido con la finalidad de ir viendo el perfil topográfico de cada zona a recorrer. Y resultó que estaba desfasado en las tres alternativas, un poco más atrás en una de ellas y un poco más adelante en las otras dos. Y este tercer día tenía todo el aspecto de que continuarían los desfases, así que decidí que utilizaría la información de albergues que llevaba apuntada en cada listado, que iría siguiendo la guía con los perfiles topográficos y pedalearía cada día hasta donde el cuerpo quisiera, tratando de disfrutar las vistas del recorrido. Claro está, confiando en que la meteorología siguiera siéndonos generosa; es decir, fresquito por las mañanas, días soleados pero con temperaturas máximas en niveles por debajo de los 25° - 26°.

Cumplida la rutina de montar el equipaje en la bici, salgo de último del albergue (algo que siempre se cumplió en todos los alojamientos), y sobre las 08:30 me voy por las empedradas calles de Estella siguiendo las indicaciones del Camino, bien flechas amarillas pintadas en mobiliario urbano o en paredes, en piso o incluso en árboles, o bien las "conchas" que en algunas ciudades están en el suelo en forma de sobre relieve. 
Abandonada la ciudad y recién entrado en el sendero, llega la primera parada del día cuando apenas llevaba 2,5 km: la Fuente de Vino de Bodegas Irache, lugar de obligatoria parada peregrina para dar continuidad a la tradición de tomar un trago de vino para llegar con fuerza y vitalidad a Santiago. ¡Y vaya que quedaban kilómetros para ello! Si en cada pueblo, monasterio o bodega hubiesen aplicado la misma, no quiero imaginar cómo iríamos los peregrinos... 

 
Tras "adquirir fuerza y vitalidad" con un trago de vino, monto de nuevo en la bici y a pedalear hasta llegar a Los Arcos alrededor de las 11:00 a.m., con 22 km recorridos durante la mañana y luego de superar el alto en el pueblo de Villamayor de Monjardín y un ascenso constante pasando por Ayegui, Irache y Azqueta. Esa localidad, Los Arcos, era una de las opciones de final de etapa de los planes previos pero, obviamente, era muy temprano, tenía pocos kilómetros recorridos y energías suficientes como para continuar. Me replanteo opciones y decido que seguiré hasta Logroño donde, dependiendo de la hora, tomaré decisión sobre si parar allí o continuar otro rato más. En los Arcos coincido tomando café con un grupo de tres ciclistas que aspiraban ese día llegar hasta Santo Domingo de la Calzada (78 km más allá de Los Arcos). Se les veía muy en forma y frescos a esa hora.  Desde Los Arcos me pongo en contacto con una amiga, compañera de aventuras del Camino de Santiago 2009 y que vive en Logroño, a ver si coincidíamos allí y nos veíamos un rato. Podría ser siempre y cuando yo apurara mi paso un poquito más. 

Termino el café, me despido cordialmente de los ciclistas quienes, con toda seguridad, me pasarían unos pocos kilómetros más adelante, y emprendo mi ruta hacia Logroño por un trayecto en el cual hay que pasar por Sansol, Torres del Río y Viana. Pero a unos 2,5 km después de salir de Los Arcos, un pinchazo en la rueda posterior. Bueno, nada que a ningún bicigrino no le haya pasado en alguna ocasión, solo que en este caso era la primera vez que me ocurría en una bici de montaña, habida cuenta de que solo tengo una bici de carretera. Pero tampoco hay mayor diferencia. Lo incómodo es que había que bajar todo el equipaje para desmontar la rueda y hacer el cambio de cámara (tripa), hinchar la rueda y continuar. 

Estando en plena función de sacar la cámara y colocar la nueva, pasan los tres ciclistas con los que había coincidido en Los Arcos. Dos de ellos deciden parar y el tercero continúa. ¡Menos mal! Cuando voy a inflar la cámara (tripa) me doy cuenta de que la bomba está dañada y no  sirve, por lo que ellos me facilitan la suya para poder echar aire y continuar. Claro está que, manualmente, en este tipo de bicis nunca podrás poner todo el aire que necesitas, pero sirve para continuar y más adelante, con una bomba de pié o en una gasolinera, puedes completar el aire faltante. Llenada de aire y reinstalada la rueda, "los ángeles ciclistas" prosiguen su camino y van en busca de su otro compañero. Pasan algunos peregrinos a pie dando ánimos, como suele ser habitual en el trayecto. 

Tras poco más de una hora "perdida" por el pinchazo reanudo la marcha, pero muy pendiente de la rueda trasera, de que todo hubiera quedado bien y pensando en llegar a Viana o Logroño y buscar una gasolinera. Sin embargo, al llegar a Sansol (5 km luego del lugar del pinchazo) me indican que hay una nave industrial donde funciona un taller de herrería y un taller agrícola, y que ellos allí suelen tener compresor de aire. Me acerco hasta allí y su propietario, un señor de unos 60 o 65 años muy amablemente enciende el compresor y completa el aire de la ruda trasera de la bici, mientras va contando que su hijo es quien lleva hoy día el taller y él aún se ocupa de la recogida de frutos de los diversos sembradíos que tiene por los alrededores (viñas, olivos, perales, etc.). Y pensar que Sansol es un pueblo de escasos 110 habitantes que forma parte de la Comunidad Foral de Navarra y "depende" de Estella...


Ya con la rueda en condiciones afronto de nuevo el camino con más confianza, paso por Torres del Río, sigo hasta Viana, donde paro a tomar un tentempié y noto que se están preparando para las fiestas locales. De camino a Logroño se pasa por uno hermoso bosques tras los cuales hay que atravesar sobre la carretera por un puente peatonal que tiene una rampa para las bicis. Vista la rampa opto por tomar un sendero lateral que igualmente me llevará al otro lado atravesando la carretera.
Al fin consigo llegar a Logroño sobre las 14:30 - 15:00 y mis amigas ya han entrado a laborar, por lo que difícilmente podremos vernos. Tal como lo había contemplado horas antes, mientras me como una barrita y un plátano (cambur), analizo en Logroño las opciones de parar o seguir. Ya levaba casi 50 km rodados más el tiempo del pinchazo. Un posible destino podría ser Nájera, localidad a casi 29 km de Logroño y que, si todo acompañaba bien, podría llegar alrededor de las 18:30 horas. Físicamente me sentía bien y tenía ganas de seguir pedaleando, aunque el trayecto contemplaba unas cuestas que seguramente harían aminorar el ritmo promedio.

Finalmente opto por continuar, así que salí de Logroño bordeando el parque La Grajera hasta llegar al bonito embalse y de allí continuar por los senderos con sus cultivos y regadíos que hacen atractivo el recorrido, con alguna cuesta dificultosa llena de piedras y escalones, pero todo superable, hasta entrar en Nájera a eso de las 19:00 horas, luego de casi 80 km recorridos. 

La nota simpática de la jornada la constituyó el hecho de que la cena fue amenizada por un par de peregrinos que se habían conocido dos días antes, tomaron prestada una guitarra que había en el albergue municipal de Nájera y dieron un variado recital de música española para deleite de todos los huéspedes. Normalmente la cocina del albergue se cierra a las 21:00 horas y todos han de estar durmiendo para las 22:00, pero en esta ocasión, el recital hizo que se extendiera el horario de la cocina y la cena en un grato ambiente. Pero la hora de cese de actividades y apagado de luces se respetó y ya a las 22:00 todos estábamos descansando.

Por la mañana del día 27 y cumplida la rutina inicial, voy a una tienda ciclista para comprar una bomba de hinchado ya que la mía estaba dañada. tuve que esperarr hasta las 10:00 am a que abrieran por lo que terminé saliendo de Nájera sobre las 10:30. La ruta de salida se presenta hermosa contemplando el rojizo color de su montaña resaltado por la luz que a esa hora le brinda el sol de la mañana. 

Se inicia una etapa que tendrá un recorrido de cierta exigencia por varios ascensos no pronunciados, pero sí muy largos, que requieren, nuevamente, paciencia para hacerlos llevaderos. En el trayecto se pasa por Santo Domingo de la Calzada, donde recuerdo a los "ángeles ciclistas" que el día anterior me auxiliaron en la vía y que debieron haber pernoctado en esta ciudad. Luego de Santo Domingo está Grañón, última localidad de La Rioja en el Camino Francés, y se entra en Castilla y León. Por el camino encuentro a un grupito de ciclistas con quienes había coincidido en el albergue de Estella, a quienes se les "atragantan" un poco ciertas cuestas pero vuelan en las bajadas; justo la inversa de lo que me ocurre a mí que soy extremadamente precavido en los descensos, más aún cuando hay piedras sueltas, tierra, y el equipaje atrás que hay que evitar se desbalancee., pero sobretodo por la vibración que produce el no tener amortiguación delantera en la bici.
 
La etapa transcurre sin mayor novedad. Sin embargo, "pega" un poco el trabajo del día anterior, por lo que me uno a estos colegas y decidimos pernoctar todos en el primer albergue al entrar en Belorado, donde habíamos parado para comer. Para ese día 45 km para en mis piernas eran suficientes. Los compañeros llevaban unos más, ya que había hecho noche en Logroño el día anterior. Ducha, lavado, siesta y luego paseo por el pueblo, con el sol ya calentando menos, son las actividades con las que terminamos de pasar la tarde en un localidad bastante tranquila, de poco más de dos mil habitantes y perteneciente a la provincia de Burgos. Descansar en esta localidad nos permitiría estar frescos para afrontar por la mañana, desde el primer kilómetro, una ascensión larga con la parte final pronunciada para luego ir descendiendo el resto de la etapa.

Camino de Santiago 2013 - Etapas 5 y 6


Temprano en la mañana del día 28/08, durante el rato del desayuno, repasé el itinerario, tanto de los planes previstos como de lo que ya había realizado. Hasta este punto parecía como si se empezara a conformar una secuencia de intercalar etapas largas (la 1 y la 3) con etapas cortas (la 2 y la 4). De acuerdo a esas referencias, en este quinto día correspondería una etapa larga. Pero en la realidad no tenía claro hasta dónde llegar. Lo único seguro era que saldría de Belorado, por haber pasado allí la noche, e iría en dirección a Santiago. Observando la altimetría de la etapa, tendríamos unos primeros 15 km de ascenso de los cuales 11 serían relativamente suaves (hasta Villafranca de Oca) pero continuos, y luego ya encontraríamos zonas de un 6% hasta La Pedraja. 

Chequeando también otra guía con indicación de por dónde va el sendero y por dónde las carreteras comarcales o nacionales, me percato de que el Camino va cerca de la N-120. Ya a estas alturas del recorrido el hecho de no tener suspensión (amortiguación) delantera en la bici va haciendo efecto en las manos y los antebrazos. Si bien voy calzado con dos pares de guantes (unos primeros con protecciones de gel en las zonas de posible mayor impacto), mi cuerpo es lo que termina absorbiendo todas las vibraciones e impactos del recorrido en zonas donde considero que no debo dejar las manos muy sueltas en el manillar. Para mí, las bajadas son de bastante tensión, por exceso de precaución, para evitar resbalones o caídas. Muchos de los colegas con los que me he cruzado o mis compañeros de esta etapa son bastante más experimentados sobre la bici de montaña, les gusta bajar rápido y han aprendido a hacerlo sin generar tensión en los brazos; es más, van bastante relajados de manos pero manteniendo el control. Cada quien lo hace como quiere, como puede o como considera que le es más conveniente para cumplir los objetivos que se traza. 

Dado que siempre soy el último en salir por mi logística de montaje de equipaje, les dije a mis compañeros que salieran ellos adelante, que no esperaran a que yo estuviera listo, y que estaríamos en contacto por el Camino (habíamos intercambiado teléfonos). Pero sí coincidimos en hacer el ascenso por la carretera, en mi caso porque quería dar un poco de descanso a mis manos, en lo que a recibir vibraciones se refiere. Ellos tenían claro que querían hacer noche en Burgos, pero yo aún no lo sabía; lo decidiría sobre la marcha.

Así pues, con 16° de temperatura, debidamente ataviado para ese clima y una hermosa y despejada mañana, abandono Belorado según lo previsto. El hecho de que los pueblos en esta zona estén cerca unos de otros hace que  el recorrido parezca que va pasando más rápido. Es como ponerse metas cortas que vas dejando atrás pedaleada tras pedaleada, pero a la vez recreando la vista con los diferentes paisajes, como esta mañana, por ejemplo, pasando entre campos de girasoles que producen una atractiva gama de colores en el panorama.                                    

Una vez en Villafranca de Oca comienza la parte más empinada de la subida. No es una pendiente muy fuerte, pero es larga, unos 4 km en los que lo mejor es poner una cadencia de pedaleo constante y dejarse ir. Ya en la parte más alta me comunico con los compañeros a ver por dónde van y, ciertamente, me llevan una ventaja de unos 20 minutos, por lo que aprovechando que empieza el terreno favorable, apretaré un poco a ver si los alcanzo en alguna parada.

Me detengo en Agés para averiguar, pero me llevan unos 4 km, por lo que decido tomarlo con tranquilidad, saborear un cafecito y pasar por frente al albergue donde nos habíamos alojado en 2009 en una lluviosa tarde de septiembre. Una tarde en la cual disfrutamos del pequeño local jugando a las cartas, viendo un partido de baloncesto y tratando de enseñar un poco de español a una peregrina coreana que se nos había unido. Emotivo instante transportado mentalmente a un  pasado medianamente reciente en un pueblo que he visto con más actividad y oferta al peregrino que en la anterior ocasión. 

Nuevamente me monto en la bici y a continuar el pedaleo. Aún quedan unos 22 km hasta Burgos que, según el perfil de etapa, se presentaba todo favorable. Sin embargo, la memoria no me recordó que tras pasar Atapuerca viene un complicado y empedrado ascenso de casi 2 km en los cuales no quedó otra que poner pie a tierra y empujar la bici. Empujar en una cuesta lisa no es demasiado inconveniente, pero cuando toca hacerlo esquivando surcos en el terreno, piedras, escalones, raíces etc., los 10 o 12 kilos que llevas en la parte trasera de la bici son un lastre que te hace ir hacia abajo, por lo que hay que hacer un esfuerzo para ir subiendo. Es parte del reto, del camino, esa cuota de sacrificio y sufrimiento que toca de cuando en cuando, pero que con ánimo y alegría se va llevando. Y en muchas partes del camino ocurre que tras una gran subida vendrá una generosa bajada para recuperar, pero de la misma forma en ocasiones hay bajadas largas en las cuales se recupera tiempo, se descansa, pero también piensas en qué tipo de cuesta vendrá tras tan delicioso descenso. 


Y paso a paso se termina el duro y empedrado ascenso a Olmos de Atapuerca. La llegada a la cruz permite tomar un respiro y observar el paisaje, hacia atrás para ver lo recorrido y superado, y hacia adelante los campos de cultivo entre los cuales se producirá el descenso hacia la ciudad de Burgos que ya se aprecia a la distancia pues solo faltan 15 km para llegar a ella. Aún queda mucho que pedalear hasta entrar en la gran ciudad, pero ello se hace llevadero. La primera parte del descenso es de un poco de cuidado por la presencia de mucha piedra suelta y hay que evitar caidas innecesarias por querer acelerar la marcha.


Al fin se llega a la ciudad de Burgos, pero desde el lugar por donde se accede hasta la zona de la Catedral hay unos 8 o 9 km por amplias calles y avenidas. Siguiendo las indicaciones y con algo de orientación y de memoria, llego al centro encontrándome antes con la emblemática estatua del Cid Campeador, con la de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden dominicana y patrono de la provincia de Burgos, y por último accedo a la gran plaza donde está la Catedral de Burgos. Desde allí me comunico con los colegas y como ellos ya se han registrado en el albergue municipal, quedamos para comer juntos. Por la hora y por cómo me sentía, mi intención era continuar otro rato después de comer y reposar. 

Alrededor de las cuatro de la tarde me despido de los compañeros, hacemos foto de grupo y me apresto a intentar llegar a Hontanas, o sea, sesión vespertina de 30 km, aprovechando que la luz de los días dura hasta cerca de las 20:30 o 21:00.
 
 
Dado que hay pueblos intermedios, voy llevando el recorrido por partes y pensando que en caso de decidir parar, habría sitios donde hacerlo y proseguir al día siguiente. Pero todo el trayecto se hace relativamente sencillo y se van pasando los kilómetros con entusiasmo, la temperatura es buena, el cielo y el sol también contibuyen a hacer atractivo el recorrido.. Entre Hornillos y Hontanas hay un pequeño repecho y justo en ese punto me consigo al “team italiano”, a quienes hacía unos días no veía. Les comenté que yo pararía en Hontanas (habiendo rodado ya 80 km) y ellos seguirían hasta Castrojeriz (otros 10 km), pues habían hecho noche cerca de Agés. 
 
 El albergue en Hontanas, El Puntido, estuvo muy bien. Buena atención, buena instalación, amplio y con una vista muy bonita tanto al atardecer como al amanecer.

A la hora de la cena coincido con dos italianos que iban a un ritmo de 120 km cada día y, además, con un perrito en una cestita... También un grupo de jóvenes multinacionales que se han ido conociendo por el camino, entre ellos una chica búlgara que quiere que le hable en español para ella seguirlo practicando. Al rato llega un francés que había vivido en tres países suramericanos (Colombia, Venezuela y Brasil), con lo cual se hizo amena la hora de la cena, como suele ser. Tras la cena y antes de irme a dormir, subí al mirador que tiene el albergue y desde donde, al no haber luminosidad de ciudad, se apreciaba un espectacular firmamento oscuro impregnado de miles de puntos blancos. Deliciosa manera de culminar una jornada. 

Por la mañana (día 29/08) ya a las 8:30 estoy rodando por los senderos de la Comunidad de Castilla y León, donde casi no hay ni árboles donde refugiarse (sobre todo en verano), pero que desde determinados puntos altos ofrece unas vistas hermosas a pesar de no tener tanto verdor como en las tierras navarras o gallegas.


Un primer ascenso y descenso pedregoso hasta Castrojeriz, luego otro tramo de 3 km al 12% con una bajada sobre superficie de cemento al 18%, son parte del recorrido inicial de la mañana. Una parada casi obligada para oxigenar un poco tras una bonita subida en Alto de Mostelares, también para un café calentito y fotos, y a continuación senderos sencillos donde se avanza bien y rápido manteniendo siempre, al menos en mi caso, la prudencia de pasar despacio junto a los peregrinos que van a pie, a fin de no levantarles polvo e incomodar su andadura. Y, cómo no, a todos y cada uno de los que voy pasando el saludo peregrino: "BUEN CAMINO".
 
Paro junto a las compuertas (esclusas) del Canal de Castilla, parte de una gran obra hidráulica de los siglos XVIII y XIX. En ese punto encuentro de nuevo al "team italiano", saludos y comentarios de rigor, y prosigo mi marcha que, en el turno de la mañana, me lleva hasta Carrión de los Condes (53 km), donde hago parada técnica para reponer líquido, comer algo y continuar hasta donde las piernas me den. Justo antes de salir de Carrión de los Condes aparecen mis colegas de pernocta en Belorado, quienes dormirían en Carrión tras recorrerse casi 80 km desde Burgos, donde yo los había dejado. 

Ya por la tarde decido salir de los senderos y rodar por carretera para dar otro rato de descanso a las manos y las muñecas. Hago una parada en Ledigos para un cafecito vespertino (eran aún las 16:00 horas) y allí volverme a montar en la bici me produce con una rara sensación. Comienzo a revisarla y en principio no noto nada, pero enseguida me percato de que la rueda delantera va floja de aire. Curioso, porque no sé cuántos kilómetros llevaría así y por esa zona no hay gasolineras donde llenarlas. Toma relevancia la decisión de ir por la carretera y no por los senderos, ya que en caso de un pinchazo, en el asfalto la rueda sufre menos. Ya he avanzado 24 km desde Carrión de los Condes y, aunque hay dos pueblos intermedios, lo sensato parece ser continuar a Sahagún, pues con la bomba manual no es mucho más lo que se puede inflar. Así que a pedalear con calma y serenidad vigilando en todo momento la rueda delantera, que siento que no da dificultad de control de la bici y parecía que la falta de aire estaba "estabilizada", por lo que opto por ir acelerando un poco y tratar de llegar a Sahagún lo antes posible.  

Sobre las 17:30 entro en esa villa y el primer albergue que veo "me suena" de haberlo visto en las guías y decido entrar, hospedarme y averiguar sobre alguna tienda local de bicis, en caso de necesitarla. En el albergue me facilitan un bomba de inflado de pie con la que es más fácil hinchar las ruedas. Al terminar este proceso se produce el reventón de la válvula de inflado de la cámara (tripa), lo que explica que fuese perdiendo aire poco a poco. Así que cambio de cámara, nuevo inflado y en unos minutos ha quedado todo resuelto para poder continuar al día siguiente. Resultó acertado haber continuado hasta esta población, así como parar en este albergue amplio, de gente amable y cerca de todo. Me encuentro en el albergue con Javier, un bicigrino de Amorebieta con quien había coincidido en algún albergue anterior, pero no habíamos conversado. En esta ocasión éramos vecinos de litera y por circunstancias del propio Camino coincidimos luego en varios puntos y resultamos buenos compañeros de viaje en los tramos que hicimos en equipo.
 
Tras la rutina de llegada, un paseo corto por Sahagún hasta el supermercado a comprar algunos víveres para cena y desayuno y a dormir temprano.

Camino de Santiago 2013 - Etapas 7 y 8


Luego de haber rodado 244 km en los últimos tres días y habiendo solventado el problema de la rueda delantera de la bici, el cuerpo pidió un descanso largo y profundo, así que a eso de las 21:30 horas del día 29/08 ya estaba durmiendo, o al menos intentándolo. Duermo a ratos pues una tos seca e incómoda ha hecho su aparición, en especial por la noche. Busco taparme la boca al toser y así evitar molestar a los otros peregrinos que descansan en el albergue. Una botella de líquido también es compañera de cama para mantener húmeda la garganta. Sin embargo, de alguna manera, en los ratos que duermo consigo hacerlo a profundidad y logro parte del descanso necesario.

Ya a las 06:30 del día 30/08 estoy en pie para comenzar la rutina. Me voy a la cocina-comedor a desayunar y revisar el perfil de etapa inicial de ese día. Como en las anteriores, sé de dónde salía, tenía posibles destinos y según avanzara y las sensaciones físicas existentes decidiría el punto final de la etapa. La altimetría no lucía complicada. Tenía algunas subidas y bajadas pero, al parecer, nada especialmente duro. Poblados entre 7 y 12 km de distancia entre ellos no suponían preocupación alguna, más allá de mantener siempre los bidones de líquidos cargados por alguna eventualidad. La climatología seguía siendo nuestro más fiel ayudante con mañanas frescas y soleadas, por lo que el desgaste físico y la sudoración eran menores que en días calurosos.

Durante los preparativos, mi amigo Javier me comenta que su objetivo ese día era llegar hasta Astorga porque tiene que regresar en un día determinado, y haciendo etapas largas podrá completar el recorrido. Recuerdo haberle comentado que era un tirón largo pues implicaba 100 km, aunque sin demasiada dificultad o exigencia en la ruta. Le comenté que quizás pararía en Hospital de Órbigo, pues fue el primer albergue donde estuve con mis primeros compañeros de Camino en septiembre de 2007 tras una durísima etapa a pie de casi 33 km desde León. Esta afirmación también implicaba que entraría de nuevo en "terreno conocido", pues realicé mi primera incursión en el Camino de Santiago entre León y Santiago en 2007. Por lo tanto, nos deseamos el acostumbrado BUEN CAMINO y él se marcha. Quizás volvamos a coincidir en algún sitio.

Toda previsión realizada con el pensamiento o la palabra está bien en su intención, pero lo que realmente vale es lo que las piernas digan, pues son ellas quienes realizarán el mayor esfuerzo para cubrir todos los trayectos.

Habiendo alistado la bici y presto para partir, me quedo un rato contemplando las cuatro figuras que estaban en la valla del albergue, y que contienen escrito algo que creo es parte de la filosofía del Camino: Camino místico, Camino de Fraternidad, Camino interior y Camino de Sabiduría. Cien, doscientos, trescientos cincuenta, seiscientos.    
No importa la cantidad de kilómetros que cada persona realice, tendrá bastante tiempo para reflexionar sobre sus motivaciones, su vida, sus actividades, sus gustos, sus creencias y también para los aprendizajes que se manifestarán de diferentes maneras. 

A las 09:00 horas me pongo en marcha, con calma, como calentando músculos. No hay prisa alguna y hay que disfrutar de lo que ese día nos pueda deparar. A la salida de Sahagún observo a un peregrino que dormía en un banco de una plaza metido en su saco de dormir y su mochila amarrada al banco. Sobre las 10:00 a.m., rodando cómodamente, de pronto aminoro la velocidad pues el camino está bloqueado y hay que parar. Toda la vía la ocupaban unos pastores (hombres y mujeres) que pasaban con sus ovejas.
Si bien ellos me indicaban que pasara por un ladito, les comenté que prefería esperar a que ellos lo hicieran, porque, de paso, me resultaban refrescantes y reconfortantes momentos como ese 
No tenía ningún apuro y me sentó muy bien compartir unos instantes con los pastores. Unos kilómetros más adelante veo a alguien que pernoctaba en el campo en una tienda de campaña. Luego no hubo nada especialmente interesante más que seguir transitando por los senderos y pasando uno tras otro los kilómetros en medio de las zonas de cultivo de Castilla y León. Es quizás por eso por lo que esa suele ser la parte más compleja del Camino, ya que sus paisajes no son tan coloridos como los de otras comunidades autónomas que se atraviesan, e incluso la arbolada es escasa, en especial para los caminantes. 


Casi sin darme cuenta, poco antes de las 13:00 horas ya estoy en León (55 km), y al llegar a la Catedral me encuentro a Javier, que había tenido una pequeña dificultad por el camino, pero ya estaba presto para salir hacia Astorga. Tomar unas fotos, sellar la credencial y buscar un sitio tranquilo y a la sombra para comer, fueron mis siguientes movimientos. A nada que se aleje uno un poco de la zona "turística", los precios de la comida ya son algo menores. Sobre las 15:00 me dispongo a salir de León y sobre la ruta encuentro a otro bicigrino un poco despistado con la salida de la ciudad, aunque llevaba instalado un GPS con las indicaciones de la ruta a realizar. 

La ruta desde León tiene dos variantes, una que va aledaña a la carretera nacional y otra que se desvía campo adentro. En 2007 tomamos la decisión de ir por esa vía campo adentro, y aunque lo pasamos bien conociéndonos un poco los cinco que inicialmente formamos grupo, se nos hizo absolutamente interminable por las larguísimas rectas, un sol inclemente y la falta de árboles donde refugiarnos hasta llegar a Hospital de Órbigo. Recordando eso opté por tomar la vía adyacente a la carretera nacional y se lo comenté al colega que recién había encontrado, pero este me dijo que se iría por la variante. Le deseé suerte y seguí mi vía. 

Pocos segundos después paro y decido llamar a uno de mis compañeros de aquella aventura prácticamente en el lugar donde nos conocimos seis años atrás, y donde compartimos más de 300 km de esa aventura a pie durante doce días, y con quien estuve en el Camino de nuevo en 2009 otros 12 días. Él no me podía atender y quedamos en hablar por la noche como efectivamente hicimos y rememoramos esa excelente experiencia. Difícil expresar la sensación de ese momento. 


A partir de allí, poco que relatar durante el Camino hasta que a las 17:00 entro en Hospital de Órbigo y vuelven los recuerdos. Decido llegar hasta el albergue donde nos habían dado un trato de lujo, sello la credencial, me permiten recargar los bidones con agua fresca y salgo a pensar en qué hacer. Ya llevaba 87 km, pero me sentía bien, todavía quedaba mucho tiempo de luz natural y decidí seguir hasta Astorga, con lo cual me quitaría 16 km del día siguiente, día en que tocarían de nuevo etapas exigentes. Había que aprovechar las zonas llanas para rodar lo más posible sin castigar ni exigirle mucho a la musculatura. Me pongo en marcha y en una hora y cuarto ya estaba en Astorga, donde rápidamente busco el albergue municipal en el que también había estado en 2007. 

Una vez hecho el registro y mientras trasladaba las alforjas desde el párking de bici hasta mi cama, subir y bajar 3 pisos, encuentro a Javier que recién estaba llegando a Astorga. Al principio no entendí, pues él iba más rápido y más adelante que yo, pero se había caído, se había hecho daño en la rodilla y después de mucho rato y de tomar una medicina, prosiguió su marcha hasta Astorga. A esa hora no se sentía bien y comentó que por la mañana decidiría si continuaba o daba por terminado el Camino en esa ciudad. Tras duchas y mercado, disfruto una cena tranquila en la terraza del albergue contemplando las hermoss vistas que el atardecer ofrecía de esa parte de la ciudad. Son momentos de calma y de interiorizar lo que ha sido esto hasta ahora y lo que falta.


El día 31/08, como casi todos los días, a las 06:30 ya en pie para desayuno y revisión del día. Tocará el ascenso a la Cruz de Ferro, Manjarín, las Antenas y luego una larga bajada de unos 12 a 13 km. Luego de unos 5 km llanos saliendo de Astorga el camino comienza a tomar inclinación y opto por realizar el ascenso por la carretera, habida cuenta de que el sendero y la carretera estaban casi juntas la mayor parte del trayecto y, en esos casos, prefiero no estar pidiendo paso a los peregrinos de a pie. Así que a poner un desarrollo cómodo y a mantener una cadencia de pedaleo que permita resolver los primeros 15 km de ascenso constante antes de que la pendiente se pronuncie aún más para los siguientes 7 km hasta la Cruz de Ferro. Luego tendríamos un pequeño descenso y otra vez a subir hasta las Antenas. 



La Cruz de Ferro es un lugar tradicional para los peregrinos, en primer lugar por la exigencia física que implica llegar, luego por la tradición de depositar allí una piedra traída desde el lugar donde se ha iniciado el Camino. 

Luego de llegar a las Antenas el descenso por el sendero ya de por sí es complicado para ir a pie. Algunos ciclistas lo hacen por allí, pero reconozco que soy de los que tomó la previsión de bajar por la carretera. Conmigo, una pareja de ciclistas catalanes optan también por bajar por la carretera con las precauciones del caso y con la fortuna de un día soleado y pavimento seco. Pasamos por El Acebo, bonito poblado de casas de piedra y tejados de pizarra, y proseguimos el descenso hasta Molinaseca, otro pueblo de grata recordación por lo bonito y fresco del lugar. Allí mis compañeros de descenso deciden continuar y yo paro a comer, a reponer líquido e incluso a darme un baño en el río que, con su agua fría, activaba la circulación y la musculatura después de los 46 km que ya para ese momento llevaba. 

 
Tras meditarlo y sabiendo que si bien el trayecto sería bonito, pero también con cierta exigencia por la distancia, a las 15:00 me pongo en marcha para ir hasta Villafranca del Bierzo y 30 km de por medio. Una rápida rodada hasta Ponferrada aunque luego me pierdo al intentar salir de esta ciudad,  gracias a indicaciones de los lugareños retorno al Camino tras más de 1/2 hora rodando sin estar seguro de hacia dónde.

Pronto los senderos entre viñedos me permiten recuperar el entusiasmo y hacen atractivo el viaje en el que, ya esa tarde, sí comienza a notarse más calor, más aún con el sol de frente. Con sensación de cansancio, finalmente entro en Villafranca a las 18:30 horas, directo al albergue y a la rutina de baño, lavado de ropa y mercadito para cena y desayuno. La tarde está agradable, en la plaza mayor hay concentración de moteros (tampoco se requerían muchos para llenar la plaza), por lo que un paseíllo antes de cenar siempre está bien.  La climatología se presta para un paseo contemplando bonitas y reconfortantes vistas de esta pequeña pero muy agradable localidad de la comarca de El Bierzo en lal provincia de León.

 
Tras el paseo ya comenzaba a sentir el cansancio de la jornada así que debía dormir temprano pues el día siguiente (etapa 9) sería un día duro con la subida a O Cebreiro y al Alto do Poio, y un destino final previsto en el Monasterio de Samos.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Camino de Santiago 2013 - Etapas 9 y 10


El mes de septiembre comienza con la novena etapa de este Camino, que me llevará desde Villafranca del Bierzo hasta Samos, unos 62 km aproximadamente. La noche anterior, tras pasear un poco por Villafranca y cenar, el cansancio me hizo dormir temprano. Por ello, una vez preparado todo para partir, aún tenía una visita pendiente allí. Durante la estancia en esta población en 2007 fuimos atendidos con gran amabilidad y gentileza por el dueño del restaurant "La Puerta del Perdón", quien a pesar de que ya había terminado su turno de comidas, fue muy solidario en vista de nuestro cansancio y espíritu peregrino, así que  se sentó a comer con nosotros (la comida la preparó su esposa), y logró hacer la velada aún más especial, lo que en aquella ocasión agradecimos de corazón. Esta siempre ha sido una de mis anécdotas favoritas porque, además, el pueblo es un lugar muy agradable para alojarse y quedarse tras una jornada del Camino, o también para parar si uno va de paso por la zona. 

Semanas atrás, sin plantearme siquiera la posibilidad de realizar este Camino 2013, había logrado entrar en contacto con Herminio, el dueño del restaurant en cuestión, quien, tal como nos comentó en su oportunidad, había consolidado su proyecto de tener también un alojamiento para peregrinos. Por eso, en la planificación de etapas, una parada sería en Villafranca del Bierzo y pasar a saludar en persona a estos amigos que, a su vez también son peregrinos. Es así como de camino de salida de Villafranca me detuve ante el hostal y toqué el timbre, y fue el mismo amigo Herminio quien abrió la puerta. Pude conversar con él un rato, recordamos la anécdota de 2007 y hablamos un poco de la actualidad local y del Camino, además de sentir esa energía especial y "buen rollo" de quienes viven a lo largo del trayecto. 

Y así, alrededor de las 09:00 horas, con los 16 o 17 grados de temperatura que hacía por la mañana, emprendo camino a una etapa en la que lo más importante sería la constancia. Villafranca del Bierzo está a unos 550 metros sobre el nivel del mar, y O Cebreiro está a prácticamente 1.300. Los primeros 17 km transcurren con pendiente más o menos uniforme, pero relativamente suaves en los cuales había ascendido unos 200 metros de desnivel. Una parada en Vega de Valcarce a tomar un café calentito con un croissant, y a seguir pedaleando, que venía la parte más dura del día. Comienzo la subida a O Cebreiro (por carretera) con un ritmito constante y disfrutando de un paisaje realmente hermoso, soleado, sin nubes y fresco. En el camino, junto a una fuente, veo al "team italiano", recargando sus bidones para proseguir. No me detuve porque quería mantener la cadencia de pedaleo y preparar las piernas para la parte más fuerte que aún estaba por llegar. Poco más adelante visualizo, en lo alto de la montaña, un pueblo de nombre Las Lamas y saludo a una de las chicas del "team italiano", que había continuado y a quien paso con el ritmito impuesto. Aclaro que el ritmo de ascenso era de entre 7 y 10 km/h. 
 
 
Sobre las 12:30 logro llegar a Piedrafita (a 1.100 metros sobre el nivel del mar), pueblo al que suelen llegar peregrinos en bus que luego suben a pie hasta O Cebreiro (4 km) e inician su camino desde allí. Pero los 4 km entre Piedrafita y O Cebreiro también son en una cuesta de intensa y constante pendiente, que con ese mismo ritmo que traía logro transitar en media hora más y cumplir uno de los objetivos del día habiendo dejado atrás los primeros 31 km de la jornada. 

 
Una parada para beber y comer algo también sirve de descanso, pues todavía hay que afrontar la subida al Alto do Poio (a 1.335 metros sobre el nivel del mar). Desde O Cebreiro se toma un descenso de unos 3 o 4 km, se pasa por el Alto de San Roque  antes de reiniciar el ascenso de unos 6 km más, tras el cual comienza un descenso de unos 10 km hasta la población de Triacastela, punto en el cual hay una bifurcación para ir hacia Sarria, vía San Xil (camino directo), o vía Samos, pasando por caseríos y por el pueblo donde está el monasterio. Esta segunda alternativa es la que les he recomendado a conocidos o compañeros del Camino, pues me parece mucho más agradable y bonita a pesar de tener un tramo un poco fastidioso por carretera (más que nada para los que van a pie), que luego se ve compensado con el hermoso sendero. 

Dado que hice el descenso desde Alto do Poio por carretera (teniendo un poco de consideración con mis manos, muñecas y antebrazos), logro llegar a Samos a una excelente hora, las 15:00, registrarme en el albergue que está en un lateral del monasterio y luego de la ducha y el lavado de ropa de rigor, comer y dar una vuelta por los alrededores, coincido con una chica francesa a la hora de la comida y, como ya conocía yo la localidad y ella quería sacar fotos, la llevé a un parque cercano donde se encuentra la Ermita del Ciprés. De repente encuentro a la pareja de catalanes con los que había viajado hasta Molinaseca y comentaron que su destino final de ese día sería Sarria, pero que estaban maravillados con el recorrido que les había recomendado para llegar a Samos. Posteriormente dejé a la chica francesa tomando fotos y me fui a hacer la visita del monasterio, un tanto recordada y "escasita", y aprovechar la misa de peregrinos de las 19:30, cena y ponto a dormir para la larga y exigente etapa del día siguiente. Como dato curioso de la visita al Monasterio está el hecho de que allí guardan una guía de peregrino en lenguaje Braille donde, a pesar de la luz existente, se aprecian los trazos de dicho lenguaje.

06:00 horas del día 02/09 y ya la mayoría de las personas en pie. Como ocurrió todos los días, todos los peregrinos se marcharon y solo quedaba yo preparando la bici y su equipaje. Así que mientras completaba mi actividad conversaba con los hospitaleros del monasterio (son voluntarios que deciden pasar sus vacaciones en los albergues de los peregrinos de manera totalmente voluntaria). Y uno de ellos me contó una historia que le ocurrió a su hija la vez que fue a hacer un trayecto del Camino, y que me gustaría compartir con ustedes. 

"Llegando a  la localidad de Zubiri (Navarra) se le dañaron sus botas de peregrina y le comentó a su padre que tendría que ir a una tienda a por otras antes de continuar. Su padre le dijo que no se preocupara por ello y que "mañana será otro día y todo se resolverá". A la mañana siguiente se calza las zapatillas de uso corriente que llevaba para andar por los pueblos y de pronto encuentra un par de botas totalmente nuevas en el camino. Pregunta en el albergue y a nadie le faltaban y nadie sabía de quién serían. Ante eso, decide probárselas y le calzan perfectamente. Llama a su padre, le cuenta lo ocurrido y le dice que continuará con ellas. Cuando llegó a la localidad donde tenía estipulado concluir su parte del Camino, decide dejar las botas junto a un puente por el que circulan los peregrinos, ya que no eran suyas y si a ella le sirvieron, a partir de ese momento le podrían ser útiles a otra persona. En el instante que deja las botas, dos personas extranjeras que están a su espalda, le dicen ZUBIRI, a lo que ella responde diciendo que allí las encontró y pregunta si las botas eran de ellos. Estas personas le comentaron que no eran suyas, que ellos las habían encontrado en algún lugar del pueblo y al no saber a quién pertenecían las dejaron en el lugar donde las encontró la chica".

El padre de la chica es una persona creyente, ha realizado el Camino de Santiago y, como les decía, en sus vacaciones va a colaborar en la red de albergues voluntarios para los peregrinos. 

Sobre las 8:30 a.m. me despido de los dos hospitaleros, personas muy amables, generosas y bondadosas, y me lanzo a la carretera en una mañana con 12° de temperatura y bastante neblina, por lo que utilizo el chaleco reflectante para hacerme más visible. Transito en solitario hasta Sarria en un trayecto sin mayor dificultad. Desde esta localidad hasta Portomarín ya el camino comienza a tener ascensos y descensos frecuentes, y consigo ir alternando con otro ciclista con quien nunca había coincidido. Quizás lo único destacable de este tramo fue el ver a una familia con dos hijos, uno de ellos en coche, realizando el camino desde Sarria a Santiago. Luego de rodar unos 33 km, alrededor de las 12:15 entramos en Portomarín, localidad final de etapa de muchos peregrinos de a pie, en la cual decido parar a tomar y comer algo y reponer energías para continuar en el turno de la tarde hasta Melide (40 km), localidad gallega muy conocida en el medio peregrino por su pulpo. Como nos habían comentado que nos sellarían la credencial en la iglesia a partir de las 13:00 horas, ese lapso de tiempo es perfecto para descansar.

 
Y para mi sorpresa, terminando de comer, veo que llega hasta la iglesia mi compañero Javier, de quien no había vuelto a saber desde Astorga, donde se lesionó. Me contó que al día siguiente se sintió bien y se "pegó un palizón" de casi 120 km entre Astorga y Triacastela (subida a O Cebreiro incluida) para "recuperar tiempo" y poder completar su recorrido antes de regresar a casa. Sin embargo, al día siguiente solo pudo ir de Triacastela a Sarria (27 km), por una avería y tuvo que pasar todo el día y la noche allí sin poder hacer nada, ya que era domingo. Por la mañana tuvo que cambiar la rueda, comprar una nueva (nada especial) y a media mañana comenzar a hacer kilómetros. Por eso coincidimos en Portomarín y decidimos hacer viaje en equipo hasta Melide, un trayecto con muchas subidas y bajadas que, indudablemente, se hicieron más fáciles en compañía. Recuerdo en algún tramo de bajada, donde Javier va muy rápido, haber visto cómo sus alforjas se movían cuales "orejas de Dumbo", y él tan tranquilo. Reconozco que mi inexperiencia en esos menesteres me hace ser mucho más cauto en los descensos, aunque he aprendido a "sentir" la bici y casi olvidar que se lleva equipaje atrás si está bien sujeto. 

 
Finalmente arribamos a Melide a eso de las 17:00 horas. Vimos una tienda de bicis y él se metió a ver si lograban repararle el disco del freno,  entretanto yo averiguaba donde estaba el restaurante del pulpo y los albergues. Entré al Restaurant Ezequiel (muy amplio, pero muy sencillito) a averiguar hasta qué hora servían, y al salir, una muchacha que terminaba de degustar su pulpo con el vino, me pregunta desde dónde venía. Me acerco a charlar un poco y terminamos bebiendo el fondo de la botella de vino que le habían servido (albariño de la casa). Al rato salgo a vigilar la bici y aún no aparece Javier, por lo que entro de nuevo, aunque él llega enseguida y se une a la conversación. Esta chica, Tatiana, estaba haciendo su camino a pie y le quedaban aún dos días para llegar a Santiago. Como a todos, ella también tenía algo que contar. Era la historia del bastón con el que caminaba, que en determinado momento se le cayó a un río y estaba muy difícil de rescatar por la presencia de ortigas en las márgenes del río, pero otro peregrino consiguió hacerlo y continuó con él. Luego nos despedimos porque ella aún quería andar unos kilómetros más esa tarde (terminó haciendo otros seis) y nosotros ir al albergue y luego a cenar en Ezequiel, donde coincidimos con otros dos ciclistas que Javier conocía. Fuen una amena cena tras la cual a descansar para la etapa final.

Camino de Santiago 2013, Etapa 11 (final)


Martes 03/09, día de la etapa final de este Camino, que transcurrirá entre Melide y Santiago de Compostela. 53 km nos separan de la plaza del Obradoiro y de dar el abrazo al Apóstol Santiago, según manda la tradición. En vista de que son "pocos" kilómetros y es el último día, me levanto un poco más tarde y alrededor de las 07:00 horas ya estoy en pie. La mayoría de los peregrinos que estaban en el albergue ya se han marchado, pues para ellos que van andando aún les quedan dos jornadas. 

Aprovecho el momento del desayuno en el comedor del albergue para hacer un poco de revisión de lo que han sido estos once días previos desde que salí de casa, revivir mentalmente las situaciones y los momentos vividos, tanto individual como colectivamente. Parece lejos el día de subir desde San Juan Pie de Puerto a Roncesvalles y comprobar que sí que era factible de hacer. En ningún momento fue sencillo, pero si factible. Recuerdo, por haber vivido esa etapa a pie, que en los días previos a iniciar el Camino, ese ascenso me quitaba el sueño, me generaba dudas por la implicación de su dureza y por no haber rodado nunca con alforjas ni cargando equipaje, lo que en el momento de las subidas difíciles es un lastre que más bien empuja hacia abajo (hacia atrás). Recordar que ese día hubo momentos de empujar la bici y su peso por aquellas cuestas y que "sencillamente" había que ponerle calma y serenidad al asunto, que el Camino es una prueba de resistencia pero solamente con uno mismo, que cada metro que avanzaba era un metro menos que faltaba por recorrer y, por lo tanto, algo más cerca estaba el destino final propuesto. Tomaba fuerzas al saber que ese sería el día más duro pero sabía también que serviría para recargar el espíritu con las energías de la naturaleza, de sus campos verdes, de sus animales pastando libremente o de aves volando; de otros peregrinos que, de igual manera, se esforzaban por avanzar metro a metro, de inesperados pero agradables y agradecidos compañeros en bici que, indudablemente, contribuyeron a superar esa y las restantes etapas. Recuerdo en este momento unas palabras que me dijeron los dos ciclistas italianos con los que rodé hasta Pamplona: "Raúl, si no hubiéramos contactado contigo en la oficina de peregrinos de San Juan Pie de Puerto, seguramente habríamos ido por la ruta "suave" a Roncesvalles, y no habríamos podido recorrer esta dura etapa, con lo cual nos habríamos perdido estas maravillosas vistas, paisajes y senderos". Una vez llegados a Pamplona, al pie del monumento de los encierros en el Paseo Carlos III, les dije: "Tal vez, de no haber coincidido yo con ustedes, no habría venido el primer día hasta Pamplona. Creo que hicimos un trabajo de equipo y nos beneficiamos todos".
 
Recordar que, si bien había tenido dos averías de cámaras (tripas), podía decir que había salido bien del Camino, pues conocía de averías y problemas de otros ciclistas que habían sido de mayor trascendencia que las mías. Eso alegra y estimula, aunque hay que mantenerse cauto y alerta. Habían sido más o menos 750 km dando pedal, andando por carreteras, senderos, pueblos, aldeas y ciudades, por los cuales, en muchos casos, ya había pasado antes, y eso traía a mi memoria anécdotas, pero también me daba cierta experiencia para poder orientar a otros que estaban en su primer Camino, y darles algunos datos que les fuesen de ayuda, de la misma manera que lo fueron para mí los que me dieron en aquellas zonas que hasta la fecha no había conocido. 

De nuevo regreso a la realidad del día, reviso la etapa y la misma se presentaba como "diente de sierra". Es decir, será un día de constante subir y bajar y, por lo tanto, a tomarlo con tranquilidad, incluso con más que la de otros días, pues era el último y no había apuro en llegar a una hora determinada a Santiago. Durante los preparativos de alforjas y bici, le dije a mi compañero Javier que se fuera el adelante, pues él ya estaba listo. Normalmente él andaba más rápido y a mí aún me quedaba un rato de preparativos (como fue costumbre todo el trayecto). Al fin salgo del albergue, alrededor de las 08:30 a.m., y nuevamente la mañana es bonita y fresca, ideal para rodar en bici o para andar. Había recibido un mensaje de los amigos italianos indicando que se habían retrasado por unas averías y llegarían a Santiago al final del día siguiente. Otro de los compañeros con los que había coincidido en Burgos también había enviado un mensaje indicando que él había concluido su periplo (no tenía contemplado llegar a Santiago) y nos deseaba BUEN CAMINO al resto. 

El comienzo, desde Melide hasta Ribadiso tenía sus cuestas, pero era mayoritariamente descenso, por lo que se avanzaba rápido. En varios momentos, al ver lo rápido que pasaban los kilómetros, mentalmente especulaba sobre la hora en la que podría estar entrando en Santiago, de mantener ese ritmo. Sin embargo, como creo haber comentado en algún momento, una cosa es que sea sencillo y otra que no conlleve trabajo. Y el Camino siempre te pondrá a prueba hasta el final, aunque parezca que lo que queda es corto o sencillo. Y no tardó en hacerme entrar en razón de nuevo para no olvidar estar siempre alerta y listo para esforzar donde se requiera. El permanente saludo de BUEN CAMINO al resto de peregrinos que circulaba, hacía que me sintiese acompañado en muchos momentos del trayecto. Me tocó parar cerca de A Peroxa, porque coincidió con la hora en la que un señor sacaba sus vacas del corral a la parcela donde pastaban, y quedaba la vía bloqueada. Entretenido, vi aquella actividad entendiendo, inclusive, que las vacas estaban en su horario, así que los demás debíamos esperar. 

 
 
Entre bosques, senderos y algún tramo de asfalto transcurría el recorrido de la jornada. Desde la entrada del Camino en Galicia es mucho más notoria la presencia de hitos kilométricos indicando la distancia faltante hasta Santiago, y quizás esa especie de cuenta regresiva va animando al peregrino. Y en cuanto uno se distraía y pedaleaba con alegría, hacía su aparición otra cuesta exigente como indicándonos "Oye, te queda poco, pero te lo tienes que trabajar". Por el camino me pasa en bicicleta un chaval que circulaba bastante rápido, sobre todo en las bajadas, y que como parte del equipaje que llevaba en la parte posterior tenía una rueda de bici. Yo sabía que todos vamos con cámaras o con alguna cubierta de repuesto pero no con una rueda entera. Pero, bueno, había que ver de todo. Y así, tranquila pero trabajadamente todo el trayecto hasta llegar a Santiago, donde se buscan las referencias que llevan directo hasta la Plaza del Obradoiro. Al entrar allí veo una plaza donde había bastante poca gente, a pesar que eran más o menos las 13:30. De pronto oigo que gritan mi nombre y bajo uno de los soportales que están frente a la Catedral, y en el otro extremo de la plaza está mi colega Javier. Vaya sorpresa cuando lo veo sentado en el suelo mirando hacia la Catedral e hinchando una rueda. Me cuenta que pinchó a escasos metros de terminar y tuvo que entrar en la plaza andando y empujando la bici. Increíble pero cierto, rodar casi 800 km pero entrar en la plaza andando.  Un abrazo solidario por haber concluido bien y con salud cada uno con su propósito. Por suerte su rodilla no le dio más molestias el resto del Camino y pudo terminarlo exitoso. 

Dejamos las bicis apostadas al pie de las escaleras de la Catedral y entramos. Lamentablemente, para efectos visuales, el Pórtico de la Gloria está actualmente en restauración y nos dirigimos tranquilamente hacia la zona donde se accede a la imagen del Apóstol Santiago, pero había mucha gente, por lo que optamos por ir a sellar la credencial y recoger la COMPOSTELA, la certificación de haber realizado el Camino, y en la cual el nombre del peregrino está escrito en latín. Posteriormente comenzamos a averiguar sobre los retornos en los distintos medios de transporte (tren y bus) y me doy cuenta de que se complicaba el asunto por las bicis. Lo que inicialmente me habían dicho en Madrid de poder meterla sin medio desarmarla en el tren hotel bajo una litera, no estaba permitido. Y en el bus había que medio desarmarla, meterla en funda, etc., etc., etc. En las averiguaciones también nos enteramos de empresas que trasladan las bicis (con alforjas, mochilas y todo) hasta el domicilio y llegan en menos de 48 horas. Y vaya que hay variedad de precios.

Mientras dilucidábamos qué hacer (Javier iba a Bilbao y yo a Madrid), apareció el chaval que yo había visto por el Camino con la rueda en su equipaje. Resultó ser que había estado en la misma tienda de bicis de Melide donde Javier había entrado a reparar su bici y la rueda que llevaba el chaval era la que había cambiado Javier por inservible (doblada, rayos averiados, etc., etc.). El chaval se la llevó (sin coste alguno), porque dijo que algo haría con ella. Terminamos los tres haciendo reserva de bus para esa misma noche y la misma empresa nos embalaría y nos enviaría las bicis por un precio inferior al de las otras de las que habíamos averiguado. Así que todo resuelto en un solo lugar. 

Lo siguiente, dado que viajaríamos esa misma noche, era ducharnos y cambiarnos de ropa. Y nos fuimos hasta uno de los albergues (Seminario menor) donde por 3 euros nos permitieron ducharnos y cambiarnos. Coincidió que en ese albergue me alojé yo en 2007 cuando terminé mi primer trayecto del Camino de Santiago. Ya recuperados, decidimos, más bien me convencen ellos a mi para ir de una vez a la terminal de autobuses para entregar las bicis, y regresamos al centro de Santiago para comer y compartir otro rato, ya liberados de preocupaciones y estrés. Una relajante y amena comida con buena charla tras la cual ellos se quedaron dando un recorrido por las calles de Santiago y yo me fui directo a la estación, pues mi bus salía antes que los suyos. 


Y a las 08:00 horas del día 04/09 ya estaba de vuelta en casa, cansado pero con gran satisfacción por haber hecho realidad esta repentina idea, y por superar las incertidumbres que en algún momento se me presentaron.  Como quiera que tenía que comprar algunas cosas para la nevera y la despensa, me fui al mercado y la sensación fue algo extraña, pues después de haber estado 12 días relajado, ya entraba de nuevo en la dinámica de los día a día de los pueblos y ciudades de más actividad. Así que, de nuevo, tolerancia y serenidad en el quehacer ciudadano.