sábado, 28 de septiembre de 2013

Camino de Santiago 2013 - Etapas 7 y 8


Luego de haber rodado 244 km en los últimos tres días y habiendo solventado el problema de la rueda delantera de la bici, el cuerpo pidió un descanso largo y profundo, así que a eso de las 21:30 horas del día 29/08 ya estaba durmiendo, o al menos intentándolo. Duermo a ratos pues una tos seca e incómoda ha hecho su aparición, en especial por la noche. Busco taparme la boca al toser y así evitar molestar a los otros peregrinos que descansan en el albergue. Una botella de líquido también es compañera de cama para mantener húmeda la garganta. Sin embargo, de alguna manera, en los ratos que duermo consigo hacerlo a profundidad y logro parte del descanso necesario.

Ya a las 06:30 del día 30/08 estoy en pie para comenzar la rutina. Me voy a la cocina-comedor a desayunar y revisar el perfil de etapa inicial de ese día. Como en las anteriores, sé de dónde salía, tenía posibles destinos y según avanzara y las sensaciones físicas existentes decidiría el punto final de la etapa. La altimetría no lucía complicada. Tenía algunas subidas y bajadas pero, al parecer, nada especialmente duro. Poblados entre 7 y 12 km de distancia entre ellos no suponían preocupación alguna, más allá de mantener siempre los bidones de líquidos cargados por alguna eventualidad. La climatología seguía siendo nuestro más fiel ayudante con mañanas frescas y soleadas, por lo que el desgaste físico y la sudoración eran menores que en días calurosos.

Durante los preparativos, mi amigo Javier me comenta que su objetivo ese día era llegar hasta Astorga porque tiene que regresar en un día determinado, y haciendo etapas largas podrá completar el recorrido. Recuerdo haberle comentado que era un tirón largo pues implicaba 100 km, aunque sin demasiada dificultad o exigencia en la ruta. Le comenté que quizás pararía en Hospital de Órbigo, pues fue el primer albergue donde estuve con mis primeros compañeros de Camino en septiembre de 2007 tras una durísima etapa a pie de casi 33 km desde León. Esta afirmación también implicaba que entraría de nuevo en "terreno conocido", pues realicé mi primera incursión en el Camino de Santiago entre León y Santiago en 2007. Por lo tanto, nos deseamos el acostumbrado BUEN CAMINO y él se marcha. Quizás volvamos a coincidir en algún sitio.

Toda previsión realizada con el pensamiento o la palabra está bien en su intención, pero lo que realmente vale es lo que las piernas digan, pues son ellas quienes realizarán el mayor esfuerzo para cubrir todos los trayectos.

Habiendo alistado la bici y presto para partir, me quedo un rato contemplando las cuatro figuras que estaban en la valla del albergue, y que contienen escrito algo que creo es parte de la filosofía del Camino: Camino místico, Camino de Fraternidad, Camino interior y Camino de Sabiduría. Cien, doscientos, trescientos cincuenta, seiscientos.    
No importa la cantidad de kilómetros que cada persona realice, tendrá bastante tiempo para reflexionar sobre sus motivaciones, su vida, sus actividades, sus gustos, sus creencias y también para los aprendizajes que se manifestarán de diferentes maneras. 

A las 09:00 horas me pongo en marcha, con calma, como calentando músculos. No hay prisa alguna y hay que disfrutar de lo que ese día nos pueda deparar. A la salida de Sahagún observo a un peregrino que dormía en un banco de una plaza metido en su saco de dormir y su mochila amarrada al banco. Sobre las 10:00 a.m., rodando cómodamente, de pronto aminoro la velocidad pues el camino está bloqueado y hay que parar. Toda la vía la ocupaban unos pastores (hombres y mujeres) que pasaban con sus ovejas.
Si bien ellos me indicaban que pasara por un ladito, les comenté que prefería esperar a que ellos lo hicieran, porque, de paso, me resultaban refrescantes y reconfortantes momentos como ese 
No tenía ningún apuro y me sentó muy bien compartir unos instantes con los pastores. Unos kilómetros más adelante veo a alguien que pernoctaba en el campo en una tienda de campaña. Luego no hubo nada especialmente interesante más que seguir transitando por los senderos y pasando uno tras otro los kilómetros en medio de las zonas de cultivo de Castilla y León. Es quizás por eso por lo que esa suele ser la parte más compleja del Camino, ya que sus paisajes no son tan coloridos como los de otras comunidades autónomas que se atraviesan, e incluso la arbolada es escasa, en especial para los caminantes. 


Casi sin darme cuenta, poco antes de las 13:00 horas ya estoy en León (55 km), y al llegar a la Catedral me encuentro a Javier, que había tenido una pequeña dificultad por el camino, pero ya estaba presto para salir hacia Astorga. Tomar unas fotos, sellar la credencial y buscar un sitio tranquilo y a la sombra para comer, fueron mis siguientes movimientos. A nada que se aleje uno un poco de la zona "turística", los precios de la comida ya son algo menores. Sobre las 15:00 me dispongo a salir de León y sobre la ruta encuentro a otro bicigrino un poco despistado con la salida de la ciudad, aunque llevaba instalado un GPS con las indicaciones de la ruta a realizar. 

La ruta desde León tiene dos variantes, una que va aledaña a la carretera nacional y otra que se desvía campo adentro. En 2007 tomamos la decisión de ir por esa vía campo adentro, y aunque lo pasamos bien conociéndonos un poco los cinco que inicialmente formamos grupo, se nos hizo absolutamente interminable por las larguísimas rectas, un sol inclemente y la falta de árboles donde refugiarnos hasta llegar a Hospital de Órbigo. Recordando eso opté por tomar la vía adyacente a la carretera nacional y se lo comenté al colega que recién había encontrado, pero este me dijo que se iría por la variante. Le deseé suerte y seguí mi vía. 

Pocos segundos después paro y decido llamar a uno de mis compañeros de aquella aventura prácticamente en el lugar donde nos conocimos seis años atrás, y donde compartimos más de 300 km de esa aventura a pie durante doce días, y con quien estuve en el Camino de nuevo en 2009 otros 12 días. Él no me podía atender y quedamos en hablar por la noche como efectivamente hicimos y rememoramos esa excelente experiencia. Difícil expresar la sensación de ese momento. 


A partir de allí, poco que relatar durante el Camino hasta que a las 17:00 entro en Hospital de Órbigo y vuelven los recuerdos. Decido llegar hasta el albergue donde nos habían dado un trato de lujo, sello la credencial, me permiten recargar los bidones con agua fresca y salgo a pensar en qué hacer. Ya llevaba 87 km, pero me sentía bien, todavía quedaba mucho tiempo de luz natural y decidí seguir hasta Astorga, con lo cual me quitaría 16 km del día siguiente, día en que tocarían de nuevo etapas exigentes. Había que aprovechar las zonas llanas para rodar lo más posible sin castigar ni exigirle mucho a la musculatura. Me pongo en marcha y en una hora y cuarto ya estaba en Astorga, donde rápidamente busco el albergue municipal en el que también había estado en 2007. 

Una vez hecho el registro y mientras trasladaba las alforjas desde el párking de bici hasta mi cama, subir y bajar 3 pisos, encuentro a Javier que recién estaba llegando a Astorga. Al principio no entendí, pues él iba más rápido y más adelante que yo, pero se había caído, se había hecho daño en la rodilla y después de mucho rato y de tomar una medicina, prosiguió su marcha hasta Astorga. A esa hora no se sentía bien y comentó que por la mañana decidiría si continuaba o daba por terminado el Camino en esa ciudad. Tras duchas y mercado, disfruto una cena tranquila en la terraza del albergue contemplando las hermoss vistas que el atardecer ofrecía de esa parte de la ciudad. Son momentos de calma y de interiorizar lo que ha sido esto hasta ahora y lo que falta.


El día 31/08, como casi todos los días, a las 06:30 ya en pie para desayuno y revisión del día. Tocará el ascenso a la Cruz de Ferro, Manjarín, las Antenas y luego una larga bajada de unos 12 a 13 km. Luego de unos 5 km llanos saliendo de Astorga el camino comienza a tomar inclinación y opto por realizar el ascenso por la carretera, habida cuenta de que el sendero y la carretera estaban casi juntas la mayor parte del trayecto y, en esos casos, prefiero no estar pidiendo paso a los peregrinos de a pie. Así que a poner un desarrollo cómodo y a mantener una cadencia de pedaleo que permita resolver los primeros 15 km de ascenso constante antes de que la pendiente se pronuncie aún más para los siguientes 7 km hasta la Cruz de Ferro. Luego tendríamos un pequeño descenso y otra vez a subir hasta las Antenas. 



La Cruz de Ferro es un lugar tradicional para los peregrinos, en primer lugar por la exigencia física que implica llegar, luego por la tradición de depositar allí una piedra traída desde el lugar donde se ha iniciado el Camino. 

Luego de llegar a las Antenas el descenso por el sendero ya de por sí es complicado para ir a pie. Algunos ciclistas lo hacen por allí, pero reconozco que soy de los que tomó la previsión de bajar por la carretera. Conmigo, una pareja de ciclistas catalanes optan también por bajar por la carretera con las precauciones del caso y con la fortuna de un día soleado y pavimento seco. Pasamos por El Acebo, bonito poblado de casas de piedra y tejados de pizarra, y proseguimos el descenso hasta Molinaseca, otro pueblo de grata recordación por lo bonito y fresco del lugar. Allí mis compañeros de descenso deciden continuar y yo paro a comer, a reponer líquido e incluso a darme un baño en el río que, con su agua fría, activaba la circulación y la musculatura después de los 46 km que ya para ese momento llevaba. 

 
Tras meditarlo y sabiendo que si bien el trayecto sería bonito, pero también con cierta exigencia por la distancia, a las 15:00 me pongo en marcha para ir hasta Villafranca del Bierzo y 30 km de por medio. Una rápida rodada hasta Ponferrada aunque luego me pierdo al intentar salir de esta ciudad,  gracias a indicaciones de los lugareños retorno al Camino tras más de 1/2 hora rodando sin estar seguro de hacia dónde.

Pronto los senderos entre viñedos me permiten recuperar el entusiasmo y hacen atractivo el viaje en el que, ya esa tarde, sí comienza a notarse más calor, más aún con el sol de frente. Con sensación de cansancio, finalmente entro en Villafranca a las 18:30 horas, directo al albergue y a la rutina de baño, lavado de ropa y mercadito para cena y desayuno. La tarde está agradable, en la plaza mayor hay concentración de moteros (tampoco se requerían muchos para llenar la plaza), por lo que un paseíllo antes de cenar siempre está bien.  La climatología se presta para un paseo contemplando bonitas y reconfortantes vistas de esta pequeña pero muy agradable localidad de la comarca de El Bierzo en lal provincia de León.

 
Tras el paseo ya comenzaba a sentir el cansancio de la jornada así que debía dormir temprano pues el día siguiente (etapa 9) sería un día duro con la subida a O Cebreiro y al Alto do Poio, y un destino final previsto en el Monasterio de Samos.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Camino de Santiago 2013 - Etapas 9 y 10


El mes de septiembre comienza con la novena etapa de este Camino, que me llevará desde Villafranca del Bierzo hasta Samos, unos 62 km aproximadamente. La noche anterior, tras pasear un poco por Villafranca y cenar, el cansancio me hizo dormir temprano. Por ello, una vez preparado todo para partir, aún tenía una visita pendiente allí. Durante la estancia en esta población en 2007 fuimos atendidos con gran amabilidad y gentileza por el dueño del restaurant "La Puerta del Perdón", quien a pesar de que ya había terminado su turno de comidas, fue muy solidario en vista de nuestro cansancio y espíritu peregrino, así que  se sentó a comer con nosotros (la comida la preparó su esposa), y logró hacer la velada aún más especial, lo que en aquella ocasión agradecimos de corazón. Esta siempre ha sido una de mis anécdotas favoritas porque, además, el pueblo es un lugar muy agradable para alojarse y quedarse tras una jornada del Camino, o también para parar si uno va de paso por la zona. 

Semanas atrás, sin plantearme siquiera la posibilidad de realizar este Camino 2013, había logrado entrar en contacto con Herminio, el dueño del restaurant en cuestión, quien, tal como nos comentó en su oportunidad, había consolidado su proyecto de tener también un alojamiento para peregrinos. Por eso, en la planificación de etapas, una parada sería en Villafranca del Bierzo y pasar a saludar en persona a estos amigos que, a su vez también son peregrinos. Es así como de camino de salida de Villafranca me detuve ante el hostal y toqué el timbre, y fue el mismo amigo Herminio quien abrió la puerta. Pude conversar con él un rato, recordamos la anécdota de 2007 y hablamos un poco de la actualidad local y del Camino, además de sentir esa energía especial y "buen rollo" de quienes viven a lo largo del trayecto. 

Y así, alrededor de las 09:00 horas, con los 16 o 17 grados de temperatura que hacía por la mañana, emprendo camino a una etapa en la que lo más importante sería la constancia. Villafranca del Bierzo está a unos 550 metros sobre el nivel del mar, y O Cebreiro está a prácticamente 1.300. Los primeros 17 km transcurren con pendiente más o menos uniforme, pero relativamente suaves en los cuales había ascendido unos 200 metros de desnivel. Una parada en Vega de Valcarce a tomar un café calentito con un croissant, y a seguir pedaleando, que venía la parte más dura del día. Comienzo la subida a O Cebreiro (por carretera) con un ritmito constante y disfrutando de un paisaje realmente hermoso, soleado, sin nubes y fresco. En el camino, junto a una fuente, veo al "team italiano", recargando sus bidones para proseguir. No me detuve porque quería mantener la cadencia de pedaleo y preparar las piernas para la parte más fuerte que aún estaba por llegar. Poco más adelante visualizo, en lo alto de la montaña, un pueblo de nombre Las Lamas y saludo a una de las chicas del "team italiano", que había continuado y a quien paso con el ritmito impuesto. Aclaro que el ritmo de ascenso era de entre 7 y 10 km/h. 
 
 
Sobre las 12:30 logro llegar a Piedrafita (a 1.100 metros sobre el nivel del mar), pueblo al que suelen llegar peregrinos en bus que luego suben a pie hasta O Cebreiro (4 km) e inician su camino desde allí. Pero los 4 km entre Piedrafita y O Cebreiro también son en una cuesta de intensa y constante pendiente, que con ese mismo ritmo que traía logro transitar en media hora más y cumplir uno de los objetivos del día habiendo dejado atrás los primeros 31 km de la jornada. 

 
Una parada para beber y comer algo también sirve de descanso, pues todavía hay que afrontar la subida al Alto do Poio (a 1.335 metros sobre el nivel del mar). Desde O Cebreiro se toma un descenso de unos 3 o 4 km, se pasa por el Alto de San Roque  antes de reiniciar el ascenso de unos 6 km más, tras el cual comienza un descenso de unos 10 km hasta la población de Triacastela, punto en el cual hay una bifurcación para ir hacia Sarria, vía San Xil (camino directo), o vía Samos, pasando por caseríos y por el pueblo donde está el monasterio. Esta segunda alternativa es la que les he recomendado a conocidos o compañeros del Camino, pues me parece mucho más agradable y bonita a pesar de tener un tramo un poco fastidioso por carretera (más que nada para los que van a pie), que luego se ve compensado con el hermoso sendero. 

Dado que hice el descenso desde Alto do Poio por carretera (teniendo un poco de consideración con mis manos, muñecas y antebrazos), logro llegar a Samos a una excelente hora, las 15:00, registrarme en el albergue que está en un lateral del monasterio y luego de la ducha y el lavado de ropa de rigor, comer y dar una vuelta por los alrededores, coincido con una chica francesa a la hora de la comida y, como ya conocía yo la localidad y ella quería sacar fotos, la llevé a un parque cercano donde se encuentra la Ermita del Ciprés. De repente encuentro a la pareja de catalanes con los que había viajado hasta Molinaseca y comentaron que su destino final de ese día sería Sarria, pero que estaban maravillados con el recorrido que les había recomendado para llegar a Samos. Posteriormente dejé a la chica francesa tomando fotos y me fui a hacer la visita del monasterio, un tanto recordada y "escasita", y aprovechar la misa de peregrinos de las 19:30, cena y ponto a dormir para la larga y exigente etapa del día siguiente. Como dato curioso de la visita al Monasterio está el hecho de que allí guardan una guía de peregrino en lenguaje Braille donde, a pesar de la luz existente, se aprecian los trazos de dicho lenguaje.

06:00 horas del día 02/09 y ya la mayoría de las personas en pie. Como ocurrió todos los días, todos los peregrinos se marcharon y solo quedaba yo preparando la bici y su equipaje. Así que mientras completaba mi actividad conversaba con los hospitaleros del monasterio (son voluntarios que deciden pasar sus vacaciones en los albergues de los peregrinos de manera totalmente voluntaria). Y uno de ellos me contó una historia que le ocurrió a su hija la vez que fue a hacer un trayecto del Camino, y que me gustaría compartir con ustedes. 

"Llegando a  la localidad de Zubiri (Navarra) se le dañaron sus botas de peregrina y le comentó a su padre que tendría que ir a una tienda a por otras antes de continuar. Su padre le dijo que no se preocupara por ello y que "mañana será otro día y todo se resolverá". A la mañana siguiente se calza las zapatillas de uso corriente que llevaba para andar por los pueblos y de pronto encuentra un par de botas totalmente nuevas en el camino. Pregunta en el albergue y a nadie le faltaban y nadie sabía de quién serían. Ante eso, decide probárselas y le calzan perfectamente. Llama a su padre, le cuenta lo ocurrido y le dice que continuará con ellas. Cuando llegó a la localidad donde tenía estipulado concluir su parte del Camino, decide dejar las botas junto a un puente por el que circulan los peregrinos, ya que no eran suyas y si a ella le sirvieron, a partir de ese momento le podrían ser útiles a otra persona. En el instante que deja las botas, dos personas extranjeras que están a su espalda, le dicen ZUBIRI, a lo que ella responde diciendo que allí las encontró y pregunta si las botas eran de ellos. Estas personas le comentaron que no eran suyas, que ellos las habían encontrado en algún lugar del pueblo y al no saber a quién pertenecían las dejaron en el lugar donde las encontró la chica".

El padre de la chica es una persona creyente, ha realizado el Camino de Santiago y, como les decía, en sus vacaciones va a colaborar en la red de albergues voluntarios para los peregrinos. 

Sobre las 8:30 a.m. me despido de los dos hospitaleros, personas muy amables, generosas y bondadosas, y me lanzo a la carretera en una mañana con 12° de temperatura y bastante neblina, por lo que utilizo el chaleco reflectante para hacerme más visible. Transito en solitario hasta Sarria en un trayecto sin mayor dificultad. Desde esta localidad hasta Portomarín ya el camino comienza a tener ascensos y descensos frecuentes, y consigo ir alternando con otro ciclista con quien nunca había coincidido. Quizás lo único destacable de este tramo fue el ver a una familia con dos hijos, uno de ellos en coche, realizando el camino desde Sarria a Santiago. Luego de rodar unos 33 km, alrededor de las 12:15 entramos en Portomarín, localidad final de etapa de muchos peregrinos de a pie, en la cual decido parar a tomar y comer algo y reponer energías para continuar en el turno de la tarde hasta Melide (40 km), localidad gallega muy conocida en el medio peregrino por su pulpo. Como nos habían comentado que nos sellarían la credencial en la iglesia a partir de las 13:00 horas, ese lapso de tiempo es perfecto para descansar.

 
Y para mi sorpresa, terminando de comer, veo que llega hasta la iglesia mi compañero Javier, de quien no había vuelto a saber desde Astorga, donde se lesionó. Me contó que al día siguiente se sintió bien y se "pegó un palizón" de casi 120 km entre Astorga y Triacastela (subida a O Cebreiro incluida) para "recuperar tiempo" y poder completar su recorrido antes de regresar a casa. Sin embargo, al día siguiente solo pudo ir de Triacastela a Sarria (27 km), por una avería y tuvo que pasar todo el día y la noche allí sin poder hacer nada, ya que era domingo. Por la mañana tuvo que cambiar la rueda, comprar una nueva (nada especial) y a media mañana comenzar a hacer kilómetros. Por eso coincidimos en Portomarín y decidimos hacer viaje en equipo hasta Melide, un trayecto con muchas subidas y bajadas que, indudablemente, se hicieron más fáciles en compañía. Recuerdo en algún tramo de bajada, donde Javier va muy rápido, haber visto cómo sus alforjas se movían cuales "orejas de Dumbo", y él tan tranquilo. Reconozco que mi inexperiencia en esos menesteres me hace ser mucho más cauto en los descensos, aunque he aprendido a "sentir" la bici y casi olvidar que se lleva equipaje atrás si está bien sujeto. 

 
Finalmente arribamos a Melide a eso de las 17:00 horas. Vimos una tienda de bicis y él se metió a ver si lograban repararle el disco del freno,  entretanto yo averiguaba donde estaba el restaurante del pulpo y los albergues. Entré al Restaurant Ezequiel (muy amplio, pero muy sencillito) a averiguar hasta qué hora servían, y al salir, una muchacha que terminaba de degustar su pulpo con el vino, me pregunta desde dónde venía. Me acerco a charlar un poco y terminamos bebiendo el fondo de la botella de vino que le habían servido (albariño de la casa). Al rato salgo a vigilar la bici y aún no aparece Javier, por lo que entro de nuevo, aunque él llega enseguida y se une a la conversación. Esta chica, Tatiana, estaba haciendo su camino a pie y le quedaban aún dos días para llegar a Santiago. Como a todos, ella también tenía algo que contar. Era la historia del bastón con el que caminaba, que en determinado momento se le cayó a un río y estaba muy difícil de rescatar por la presencia de ortigas en las márgenes del río, pero otro peregrino consiguió hacerlo y continuó con él. Luego nos despedimos porque ella aún quería andar unos kilómetros más esa tarde (terminó haciendo otros seis) y nosotros ir al albergue y luego a cenar en Ezequiel, donde coincidimos con otros dos ciclistas que Javier conocía. Fuen una amena cena tras la cual a descansar para la etapa final.

Camino de Santiago 2013, Etapa 11 (final)


Martes 03/09, día de la etapa final de este Camino, que transcurrirá entre Melide y Santiago de Compostela. 53 km nos separan de la plaza del Obradoiro y de dar el abrazo al Apóstol Santiago, según manda la tradición. En vista de que son "pocos" kilómetros y es el último día, me levanto un poco más tarde y alrededor de las 07:00 horas ya estoy en pie. La mayoría de los peregrinos que estaban en el albergue ya se han marchado, pues para ellos que van andando aún les quedan dos jornadas. 

Aprovecho el momento del desayuno en el comedor del albergue para hacer un poco de revisión de lo que han sido estos once días previos desde que salí de casa, revivir mentalmente las situaciones y los momentos vividos, tanto individual como colectivamente. Parece lejos el día de subir desde San Juan Pie de Puerto a Roncesvalles y comprobar que sí que era factible de hacer. En ningún momento fue sencillo, pero si factible. Recuerdo, por haber vivido esa etapa a pie, que en los días previos a iniciar el Camino, ese ascenso me quitaba el sueño, me generaba dudas por la implicación de su dureza y por no haber rodado nunca con alforjas ni cargando equipaje, lo que en el momento de las subidas difíciles es un lastre que más bien empuja hacia abajo (hacia atrás). Recordar que ese día hubo momentos de empujar la bici y su peso por aquellas cuestas y que "sencillamente" había que ponerle calma y serenidad al asunto, que el Camino es una prueba de resistencia pero solamente con uno mismo, que cada metro que avanzaba era un metro menos que faltaba por recorrer y, por lo tanto, algo más cerca estaba el destino final propuesto. Tomaba fuerzas al saber que ese sería el día más duro pero sabía también que serviría para recargar el espíritu con las energías de la naturaleza, de sus campos verdes, de sus animales pastando libremente o de aves volando; de otros peregrinos que, de igual manera, se esforzaban por avanzar metro a metro, de inesperados pero agradables y agradecidos compañeros en bici que, indudablemente, contribuyeron a superar esa y las restantes etapas. Recuerdo en este momento unas palabras que me dijeron los dos ciclistas italianos con los que rodé hasta Pamplona: "Raúl, si no hubiéramos contactado contigo en la oficina de peregrinos de San Juan Pie de Puerto, seguramente habríamos ido por la ruta "suave" a Roncesvalles, y no habríamos podido recorrer esta dura etapa, con lo cual nos habríamos perdido estas maravillosas vistas, paisajes y senderos". Una vez llegados a Pamplona, al pie del monumento de los encierros en el Paseo Carlos III, les dije: "Tal vez, de no haber coincidido yo con ustedes, no habría venido el primer día hasta Pamplona. Creo que hicimos un trabajo de equipo y nos beneficiamos todos".
 
Recordar que, si bien había tenido dos averías de cámaras (tripas), podía decir que había salido bien del Camino, pues conocía de averías y problemas de otros ciclistas que habían sido de mayor trascendencia que las mías. Eso alegra y estimula, aunque hay que mantenerse cauto y alerta. Habían sido más o menos 750 km dando pedal, andando por carreteras, senderos, pueblos, aldeas y ciudades, por los cuales, en muchos casos, ya había pasado antes, y eso traía a mi memoria anécdotas, pero también me daba cierta experiencia para poder orientar a otros que estaban en su primer Camino, y darles algunos datos que les fuesen de ayuda, de la misma manera que lo fueron para mí los que me dieron en aquellas zonas que hasta la fecha no había conocido. 

De nuevo regreso a la realidad del día, reviso la etapa y la misma se presentaba como "diente de sierra". Es decir, será un día de constante subir y bajar y, por lo tanto, a tomarlo con tranquilidad, incluso con más que la de otros días, pues era el último y no había apuro en llegar a una hora determinada a Santiago. Durante los preparativos de alforjas y bici, le dije a mi compañero Javier que se fuera el adelante, pues él ya estaba listo. Normalmente él andaba más rápido y a mí aún me quedaba un rato de preparativos (como fue costumbre todo el trayecto). Al fin salgo del albergue, alrededor de las 08:30 a.m., y nuevamente la mañana es bonita y fresca, ideal para rodar en bici o para andar. Había recibido un mensaje de los amigos italianos indicando que se habían retrasado por unas averías y llegarían a Santiago al final del día siguiente. Otro de los compañeros con los que había coincidido en Burgos también había enviado un mensaje indicando que él había concluido su periplo (no tenía contemplado llegar a Santiago) y nos deseaba BUEN CAMINO al resto. 

El comienzo, desde Melide hasta Ribadiso tenía sus cuestas, pero era mayoritariamente descenso, por lo que se avanzaba rápido. En varios momentos, al ver lo rápido que pasaban los kilómetros, mentalmente especulaba sobre la hora en la que podría estar entrando en Santiago, de mantener ese ritmo. Sin embargo, como creo haber comentado en algún momento, una cosa es que sea sencillo y otra que no conlleve trabajo. Y el Camino siempre te pondrá a prueba hasta el final, aunque parezca que lo que queda es corto o sencillo. Y no tardó en hacerme entrar en razón de nuevo para no olvidar estar siempre alerta y listo para esforzar donde se requiera. El permanente saludo de BUEN CAMINO al resto de peregrinos que circulaba, hacía que me sintiese acompañado en muchos momentos del trayecto. Me tocó parar cerca de A Peroxa, porque coincidió con la hora en la que un señor sacaba sus vacas del corral a la parcela donde pastaban, y quedaba la vía bloqueada. Entretenido, vi aquella actividad entendiendo, inclusive, que las vacas estaban en su horario, así que los demás debíamos esperar. 

 
 
Entre bosques, senderos y algún tramo de asfalto transcurría el recorrido de la jornada. Desde la entrada del Camino en Galicia es mucho más notoria la presencia de hitos kilométricos indicando la distancia faltante hasta Santiago, y quizás esa especie de cuenta regresiva va animando al peregrino. Y en cuanto uno se distraía y pedaleaba con alegría, hacía su aparición otra cuesta exigente como indicándonos "Oye, te queda poco, pero te lo tienes que trabajar". Por el camino me pasa en bicicleta un chaval que circulaba bastante rápido, sobre todo en las bajadas, y que como parte del equipaje que llevaba en la parte posterior tenía una rueda de bici. Yo sabía que todos vamos con cámaras o con alguna cubierta de repuesto pero no con una rueda entera. Pero, bueno, había que ver de todo. Y así, tranquila pero trabajadamente todo el trayecto hasta llegar a Santiago, donde se buscan las referencias que llevan directo hasta la Plaza del Obradoiro. Al entrar allí veo una plaza donde había bastante poca gente, a pesar que eran más o menos las 13:30. De pronto oigo que gritan mi nombre y bajo uno de los soportales que están frente a la Catedral, y en el otro extremo de la plaza está mi colega Javier. Vaya sorpresa cuando lo veo sentado en el suelo mirando hacia la Catedral e hinchando una rueda. Me cuenta que pinchó a escasos metros de terminar y tuvo que entrar en la plaza andando y empujando la bici. Increíble pero cierto, rodar casi 800 km pero entrar en la plaza andando.  Un abrazo solidario por haber concluido bien y con salud cada uno con su propósito. Por suerte su rodilla no le dio más molestias el resto del Camino y pudo terminarlo exitoso. 

Dejamos las bicis apostadas al pie de las escaleras de la Catedral y entramos. Lamentablemente, para efectos visuales, el Pórtico de la Gloria está actualmente en restauración y nos dirigimos tranquilamente hacia la zona donde se accede a la imagen del Apóstol Santiago, pero había mucha gente, por lo que optamos por ir a sellar la credencial y recoger la COMPOSTELA, la certificación de haber realizado el Camino, y en la cual el nombre del peregrino está escrito en latín. Posteriormente comenzamos a averiguar sobre los retornos en los distintos medios de transporte (tren y bus) y me doy cuenta de que se complicaba el asunto por las bicis. Lo que inicialmente me habían dicho en Madrid de poder meterla sin medio desarmarla en el tren hotel bajo una litera, no estaba permitido. Y en el bus había que medio desarmarla, meterla en funda, etc., etc., etc. En las averiguaciones también nos enteramos de empresas que trasladan las bicis (con alforjas, mochilas y todo) hasta el domicilio y llegan en menos de 48 horas. Y vaya que hay variedad de precios.

Mientras dilucidábamos qué hacer (Javier iba a Bilbao y yo a Madrid), apareció el chaval que yo había visto por el Camino con la rueda en su equipaje. Resultó ser que había estado en la misma tienda de bicis de Melide donde Javier había entrado a reparar su bici y la rueda que llevaba el chaval era la que había cambiado Javier por inservible (doblada, rayos averiados, etc., etc.). El chaval se la llevó (sin coste alguno), porque dijo que algo haría con ella. Terminamos los tres haciendo reserva de bus para esa misma noche y la misma empresa nos embalaría y nos enviaría las bicis por un precio inferior al de las otras de las que habíamos averiguado. Así que todo resuelto en un solo lugar. 

Lo siguiente, dado que viajaríamos esa misma noche, era ducharnos y cambiarnos de ropa. Y nos fuimos hasta uno de los albergues (Seminario menor) donde por 3 euros nos permitieron ducharnos y cambiarnos. Coincidió que en ese albergue me alojé yo en 2007 cuando terminé mi primer trayecto del Camino de Santiago. Ya recuperados, decidimos, más bien me convencen ellos a mi para ir de una vez a la terminal de autobuses para entregar las bicis, y regresamos al centro de Santiago para comer y compartir otro rato, ya liberados de preocupaciones y estrés. Una relajante y amena comida con buena charla tras la cual ellos se quedaron dando un recorrido por las calles de Santiago y yo me fui directo a la estación, pues mi bus salía antes que los suyos. 


Y a las 08:00 horas del día 04/09 ya estaba de vuelta en casa, cansado pero con gran satisfacción por haber hecho realidad esta repentina idea, y por superar las incertidumbres que en algún momento se me presentaron.  Como quiera que tenía que comprar algunas cosas para la nevera y la despensa, me fui al mercado y la sensación fue algo extraña, pues después de haber estado 12 días relajado, ya entraba de nuevo en la dinámica de los día a día de los pueblos y ciudades de más actividad. Así que, de nuevo, tolerancia y serenidad en el quehacer ciudadano.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Escapando del mundanal ruido


Una de las condiciones que a lo largo de la vida me sigue resultando satisfactoria es el poder tener algunos lugares donde “escapar” del ajetreo, ruido y stress de la ciudad. Lugares donde poder estar relajado, entretenido y a la vez conmigo mismo., donde poder pensar sin bullicio o inclusive no pensar.  Esto se puede llevar a cabo incluso estando acompañado pero teniendo momentos personales en los cuales divagar sobre la existencia, sobre lo humano y lo divino o sobre nada, donde simplemente contemplar el entorno, escuchar sus sonidos, los susurros del viento, el trinar de pájaros o el motor de algún avión que se antoja pasar sean tan  o mas placenteros que otros instantes de la vida diaria.
La montaña y el mar están dentro de mis lugares favoritos para esas escapadas. Desde niño los he tenido cerca pues Caracas tiene el privilegio de tener a su guardián natural: EL AVILA. Esa hermosa montaña a la cual he subido desde joven gracias a excursiones con los Boys Scouts y también con excursiones que organizaba mi mama a “Los Venados”, un hermoso paraje de El Avila al que se llega mediante un serpenteante y empinado ascenso en medio de una forndosa y alta vegetación. También solíamos subir en el teleférico hasta el Hotel Humboldt. Con los años fui descubriendo otras rutas con las que compartía entrenamiento con amigos corredores como son el cortafuegos o el Pico Oriental. Este último destino se convirtió en uno de mis predilectos tanto por la dureza del camino como por el exquisito paisaje que se observa todo el camino, variando las especies a medida que se gana altura. Un ascenso de unos 7,5 km con desnivel aproximado de 1.700 mt. Estar en la cima de El Avila, sentado en la gran piedra, observando la Cruz de los Palmeros mientras se divisa la ciudad abajo (si las nubes lo permiten) y/o escuchando los sonidos del silencio es una sensación maravillosa, es un rato de paz y tranquilidad de los que hay que disfrutar de vez en cuando. Al cuerpo y a la mente le vienen de maravilla.
 

 

También el siempre recordado y disfrutado Club Puerto Azul donde entre sus playas, sus grandes espacios vegetales y su bulliciosa tranquilidad también he conseguido esos momentos de serenidad y placidez.

 
En la Isla de Margarita, donde viví por 11 años, tenía dos lugares muy apreciados, uno era el Cerro El Morro, donde iba cuando necesitaba momentos de quietud y silencio. Era una pequeña montaña desde la cual divisaba el mar caribe si obstáculo alguno y sin bullicio ya que, para entonces, era parque nacional. Posteriormente fue cambiada la zonificación con la consecuente invasión urbanística y por ende sin poder ir a contemplar el mar desde ahí. Afortunadamente, durante años viví en un apartamento con vista al mar.
 
El otro remanso de tranquilidad, aderezada por la exigencia del camino hasta la cima, era el Cerro Copey, la cota más elevada de la isla con 960 msnm donde, a diferencia del resto de la isla, solía hacer fresca temperatura en su cumbre lo que nos obligaba a bajar pronto a riesgo de resfriarnos. Es delicioso estar en un lugar donde hay poco o ningún ruido estando muy cerca del bullicio citadino. 
 
Durante parte de 2011 y todo 2012 estuve en Bogotá, una ciudad que se me asemeja a Caracas gracias a la montaña que la delimita y que, además de mostrar su majestuosidad, sirve de punto de referencia y ubicación dentro de la ciudad. Como no podía ser de otra manera, también busqué la manera de ir a sus montañas y poder contemplar la ciudad desde lo alto. Con un grupo de personas con quienes posteriormente hice entrenamientos periódicos comenzamos ascensos por los aledaños de Bellavista (2600 msnm) hasta las antenas (3300 msnm), luego ir hacia el peaje de La Calera (Patios) con altitud de 3100 msnm y finalmente bajar de nuevo a la ciudad. En el punto de las antenas un clima maravilloso rodeado de verde montaña y los sonidos del silencio, realmente mágico. En la zona de Patios ya hay mucho bullicio pero, a cambio, un ambiente muy positivo donde confluyen ciclistas y corredores para hacer parada y reponer energías.

 

También presenta un ambiente relajante y renovador el Cerro Monserrate. Tuve la oportunidad de ser invitado a subir de noche en la época navideña cuando decoran e iluminan la zona. Ascenso en cable - riel (descenso en teleférico), caminar con el fresco de la noche, escuchar la novena en la iglesia, tomar algo caliente para mitigar el frio y contemplar esa gran ciudad iluminada es gratificante y reconfortante. Nuevamente la sensación de paz y sosiego cerca pero alejado de la bulliciosa ciudad.

 
 
En la comunidad de Madrid también encontré, gracias a un grupo de senderistas, la cumbre de La Maliciosa en la Sierra de Guadarrama. Sus 2227 msnm se observan desde cualquier lugar de la comunidad de Madrid y solamente al aproximarse a esta montaña se da uno cuenta de su imponente figura. En invierno es fiel reflejo de la estación al mostrar sus cumbres cubiertas de blanca nieve que esconde gran parte de su orografía. Lógicamente una cosa es subir allí en épocas de Otoño – Invierno – Primavera y otra bien diferente en verano. Físicamente exige bastante la ascensión. Independientemente de la estación, la estancia en la cumbre tiene un alto valor para cuerpo y mente, gran recarga de energía y de oxígeno mientras se observa el entorno a sus pies en ambiente silencioso y refrescante.


Siempre es dificil transmitir en líneas escritas las sensaciones con las que regresaba (y sigo regresando) de cualquier de esos lugares. No es decir la trillada expresión de "vengo renovado", es saber que de cada paseo a esos y otros lugares regreso con satisfacción, estímulo, con algún nuevo aprendizaje, con alguna nueva historia o anécdota que compartir. Y eso, simplemente eso, ya es iindicativo de que las escapadas son productivas y necesarias. Asi que se las seguiré dando a mi organismo.
 
Y agradecer a cada persona que ha sido partícipe en el descubrir estos y otros lugares en los cuales llenar de serenidad y optimismo el espíritu.

jueves, 1 de agosto de 2013

El sol sale para todos

Una noche algo cálida con muy poca brisa hace que el sueño no logre ser profundo. Se me ocurre asomarme por la ventana del estudio y contemplar el parque, aun con la amarilla luz de las farolas pero que, dada la altura en la que me encuentro, produce una sensación agradable acompañado por el silencio de la madrugada que ya empieza a verse interrumpido por el paso de los primeros buses municipales y algún que otro vehículo transitando por la A-4.
Miro al cielo y observo el 1/4 de luna blanca brillante visible en un firmamento despejado, sin nubes y donde la luz de las estrellas sirve de decoración a la que se agregan los titilantes destellos blancos y rojos de aviones que recorren el espacio aéreo cercano a Valdemoro.

A las 06:15 comienza a verse en el horizonte destellos de luz clara que anuncian la pronta presencia solar cuando bajas montañas y azoteas de edificios dejen de ser obstáculo en el camino ascendente del astro rey. Y la luna, en su fase menguante, aún muy alta pues hizo su aparición alrededor de las 02:30, no tiene previsto ocultarse hasta las 17:30 pero a media mañana ya dejará de estar visible ante la brillantez y la potencia de la luz solar.
 



¿Y entonces? Una nueva ocasión para tratar de captar imágenes del sol y la luna juntos en el cielo, así que......manos a la obra. Por el camino pensando en posibles ángulos de visión y que obsatáculos debiera esquivar para tener alguna(s) imágenes interesantes. Al llegar al lugar donde podría tener espacio abierto y ver todo lo que había alrededor así como la ubicación de la luna y el sitio por donde se asomaría el sol, decido incorporar a un tercer personaje en la propuesta: EL ASTRONAUTA. 
Un personaje que mediara pero que también se aliara con el sol y la luna en un instante diferente. Y se comportó muy bien al saberse protagonista dando juego, sin reparo alguno, a los requerimientos del fotógrafo.
 
A los pocos minutos se produce el momento que fui a buscar y que, afotunadamente, el ángulo de visión permitió tener a los tres personajes interactuando a pesar del tamaño que presentaban a la vista.
Y fue eso, un instante. A los siguientes, ya la luna se salía del ángulo de visión mínima permisible desde mi ubicación considerando, además, el movimiento de ellos y de la tierra. Los siguientes momentos también dejaron imágenes curiosas aunque debí ponerme serio con EL ASTRONAUTA por cuanto quería apoderarse del sol, hecho este que hubiera traído inconvenientes en muchos lugares del planeta además de los que seguramente me habría acarreado a mi en este pueblo donde está la escuela de formación de la guardia civil (guardias jóvenes).


Afortunadamente fue comprensivo, entendió que el sol no es un regalo o un juguete para que se lo quedase esta mañana, por lo que hoy, mañana y así todos los días, "el sol sale para todos"

miércoles, 24 de julio de 2013

Instantes mágicos e irrepetibles

Tenía en mente un breve relato como primera entrada formal pero, como suele ocurrirme en ocasiones, "algo" se presenta que motiva mi atención, me pongo en marcha y tras el resultado de la "gestión" decido que lo visto hoy es más saisfactorio de compartir en este instante que el relato que rondaba por mi cabeza.
 
Y es que la vida es una cadena de instantes que individualmente no vuelven a ocurrir en un 100%. Quizás situaciones vuelvan a presentarse, ciertas condiciones puedan ser similares a otras y es cuando pueda pensar que se repite una ocasión o un momento específico.
 
Hoy agradezco no haber tenido más sueño, haberme despertado a las 06:00 horas y al mirar por la ventana desde la cama observar que la luna aún dominaba el firmamento, un cielo lleno de estrellas que no se apreciaban bien, dada la brillantez de la luz de la luna, pero que igualmente proporcionaba sensación de relax, de paz, de armonía. Me levanté de la cama, me vestí, tomé la cámara y el zoom y decidí salir a ver que veía desde una óptica diferente a la gran vista (y privilegiada) que suelo tener desde mi apartamento en Valdemoro.
 
Y......comenzó el espectáculo. Caminaba por las calles del pueblo, aún en penumbras e iluminadas por las farolas, y, según avanzaba cámara en mano, los ojos avizoraban todo el entorno comenzando a fluir simultáneamente ideas en la mente, una mente que elaboraba imágenes virtuales e impartía indicaciones  que el ojo, los brazos, manos y dedos aceptaban y actuando en consecuencia. Ver el resultado de cada foto en el visor LCD de la cámara era un aliciente pero también un reto a ir por más instantes que se que mañana ya serán diferentes.
 
 
 
Ya con la mente ideando  posibles imágenes nuevas, decidí tomar la Av del Mar Mediterráneo para llegar a la glorieta que está más arriba del Centro Comercial El Restón. Comenzó el juego fotográfico aprovechando tanto la naturaleza existente como viviendas y/o mobiliario urbano buscando imágenes agradables, simpáticas, curiosas, que dieran satisfacción a la temprana salida de casa. Y no se hicieron esperar.


Finalmente llegué a la Glorieta del Universo, mejor conocida como Glorieta de "El Astronauta", así llamada por tener una escultura de 4 mt de altura y mas de 2 ton. de acero inoxidable elaborada por el escultor gallego Francisco Leiro en 2001. La escultura es toda una referencia en el pueblo. Y ver a la luna y al astronauta juntos resultó simpático aunque la luna se veía chiquitica. Supongo que Neil Armstrong la vio y la sintió diferente al pisarla, al menos sin edificaciones a su alrededor.
 
Tras la imagen del astronauta con la luna creía que culminaba la sesión. Nada más girar 180° para empezar el camino de regreso a casa cuando observo en el horizonte destellos en tonos rosa hacia rojo indicativos de que el sol comienza a preparar su aparición.  Camino calle abajo buscando "ubicación ideal" para retratar el amanecer. Pero esto no se prepara, simplemente los instantes se ven, se observan se decide o no hacer algo con el y se sigue al siguiente instante. Y pensar que eso ocurre en fracciones de segundos y es el tiempo que tenemos para decidir que hacer. Comenzó a aparecer el sol y se repitió el proceso en el organismo, igual que más temprano. Moverse un poco hacia un lado o hacia otro, aprovechar el entorno, intentar ser un poco imaginativo y creativo y, de nuevo, un resultado que me hace sentir satisfecho. Teniendo que mejorar y pulir detalles para lograr esa sinergia perfecta, mejor dicho, lograr una sinergia satisfactoria ya que siempre todo es mejorable. No es perfecto aunque busque la perfección, he ahí el estímulo.
 




 
Me faltaba algo más, quería algo más. Quería a la luna y al sol en la misma imagen pero estaban en polos opuestos. No podía ir a casa a consultar el calendario lunar a ver cuando tenerlos mas cerca y en mejor orientación. De pronto, bajando la calle, una furgoneta estacionada me daba la posibilidad de una imagen sin demasiado brillo o reflejo de luz solar. Fue como una bendición.
Tenía la imagen buscada, mejorable pero la tenía. Más satisfecho aún seguía el camino a casa. Opté por entrar en el Parque Tierno Galván, está muy cerca de casa, a respirar un poco de aire puro en medio de su caminería, bajo sus árboles, con el fresco de la mañana, pasear junto al lago donde suelen nadar los patos que, para sorpresa, deambulaban casi todos por el parque en busca de pequeños trozos de comida. Lindo y enternecedor instante, mágico ambiente.




Seguramente mañana, la próxima semana, en uno o varios meses o dentro de quien sabe cuanto tiempo o en que lugar habrá instantes y momentos maravillosos en los que habrá valido la pena estar. Pero lo vivido y sentido hoy es irreemplazable y agradezco a la vida por ello.
 
Que lo disfruten.

viernes, 19 de julio de 2013

BIENVENIDOS A ANDARES

¡¡¡Bienvenidos!!!

Después de bastante tiempo madurando la idea de para qué abrir un blog personal y después averiguando las opciones de como crear uno, de leer las indicaciones sobre cómo se elabora, de como darle forma y cierto sentido a lo que iré dejando saber por acá, finalmente Andares verá la luz en un intento de compartir experiencias, sensaciones e incluso imágenes de paseos, lugares que voy conociendo o por los cuales ya he pasado y que de alguna manera me han ido dejando algún tipo de huella o enseñanza que quizás pueda serle de utilidad a alguien que lea las entradas de este blog.
 
 
Andares intentará ser un blog fresco, agradable, simpático; un lugar del cyberespacio donde a cualquier persona de pronto le apetezca pasar un momento a ver que novedades puede haber, que nuevas historias (o historietas) haya publicado, que relatos de paseos recientes o antiguos deje saber, situaciones o curiosidades con las que a veces se encuentra uno en el acontecer diario por donde quiera que pase o haya pasado.
 
Con lo vivido a día de hoy se que hay buen número de anécdotas, relatos y comentarios que podré compartir junto con las que día a día voy y vaya viviendo. Algunos quizás ya sean conocidos para familiares y amistades pero, como siempre hay personas nuevas que se van cruzando en el camino de la vida, a éstas puede que les sea novedoso esperando, por mi parte, que también de provecho. El hecho de que cualquier nueva entrada del blog pueda dejarle un grato momento a alguien, una curiosidad por indagar sobre algo expresado, una inquietud por algún lugar que haya visitado y que le sea útil a otra persona para una visita, algún comentario o crítica siempre constructiva, con respeto y educación, alguna consulta o aporte de cualquiera que lea este blog, todo ello será satisfactorio y a la vez estimulante para seguir dándole forma y sentido a esta idea.
 
De momento desconozco que periodicidad precisa le daré al blog. Siempre que emprendo algo lo hago con el convencimiento de que será de larga data y no fruto de emociones momentáneas que al poco tiempo se diluyen y quedan en el baúl de los recuerdos, aunque ese baúl puede ser un buena fuente de inspiración. Siempre voy con la vista adelante en busca de aprender, vivir, experimentar, enriquecer el espíritu y poder seguir manteniendo el entusiasmo, serenidad y armonía que hasta hoy me vienen acompañando día a día.



Escribir es algo que personas cercanas siempre comentan que suele dárseme bien en virtud de breves reseñas escritas de algún acontecimiento o actividad realizada. Intento detallar lo que más pueda (quizás por lo que llaman "deformación profesional" de estar "metiendo el ojo" por doquier) para tratar de transmitir parte de las sensaciones que me produce lo ocurrido, visto o leído y que quien lo lea se pueda sentir casi como si también hubiera estado presente. A veces ocurre también con la fotografía, se puede plasmar y congelar un instante procurando que la imagen transmita lo que uno es capaz de percibir en ese momento, en unas ocasiones se consigue aunque en otras no.

 
El título del Blog y las fotos iniciales del "banner" de fondo puedan dar una idea de por donde pueden transcurrir los relatos breves que iré escribiendo. Hay buena cantidad de aficiones y gustos que conforman esos placeres de la vida con los que me voy nutriendo y que apetece compartir y que, seguramente, en más de una ocasión producirán intercambio con otras personas o "blogueros" con gustos o actividades afines a lo que lean por acá.

Como bienvenida a mi nueva experiencia creo que ya les doy bastantes pistas, espero y acepto consejos, recomendaciones, ayudas y todo aquello que contribuya a que día a día sea satisfactorio ir pensando y darle forma a la siguiente del blog.

Gracias anticipadas a los que hayan llegado al final del "post" de bienvenida confiando que sigan allí para el siguiente.




El Andarín